Ricardo Ávila

Hay que tomar medidas

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
septiembre 25 de 2014
2014-09-25 03:23 a.m.
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El sector textil ha sido siempre parte importante de la actividad manufacturera. De hecho, al inicio de la Revolución Industrial del siglo XVIII en Inglaterra, la hilatura y fabricación de telas eran el núcleo de la naciente industria y, junto con la confección de prendas de vestir, el primer producto de exportación de la época.

En Colombia, el ramo textil también tuvo un gran peso dentro del sector fabril, pero lo ha ido perdiendo a medida que se hecho más complejo y diversificado. Además, en los últimos años, los textileros colombianos han debido enfrentar una enorme competencia de productos importados, alimentada por la apertura hacia adentro, el contrabando y la revaluación del peso. Así, mientras en el 2000 el sector textil representaba el 11,6 por ciento de la industria colombiana, el año pasado su participación se redujo al 7,7 por ciento.

Ante la realidad de la competencia desleal de productos textiles importados que llegaban al país con precios por debajo de su costo de producción, el Gobierno adoptó medidas para proteger y fortalecer al sector de confecciones. El Decreto 74 del 2013 impuso, por un año, un arancel mixto de 10 por ciento ad valórem, más cinco dólares por kilo de producto importado, y que fue prorrogado por dos años más por medio del Decreto 456 de febrero del 2014.

La decisión ha resultado muy efectiva, pues en el presente año el volumen de las importaciones de prendas de vestir y confecciones ha caído 12 por ciento, de manera que los productores nacionales de estos bienes han mejorado su posición competitiva y en el semestre incrementaron su producción en 3 por ciento, respecto del año pasado. En el caso del calzado, que también estaba incluido en los mencionados decretos, las importaciones han bajado 16,5 por ciento

Pero las buenas noticias no han sido para todo el ramo textil, que incluye, además de los confeccionistas, a los productores de hilos y telas, quienes no quedaron cobijados con la medida de protección adoptada por el Gobierno.

Como consecuencia, en lo corrido del año, las importaciones de telas han pasado de 28.000 a 40.000 toneladas, es decir, un crecimiento del 42,5 por ciento; cuando se analiza por países de origen se encuentra que las compras de telas a China se han incrementado 75 por ciento en este periodo.

El diferente comportamiento de los dos subsectores del ramo textil se viene observando desde tiempo atrás. En efecto, en la última década la producción de confecciones y prendas de vestir creció 18 por ciento, mientras que la fabricación de telas cayó 30 por ciento. Sin embargo, es preocupante observar que en ambos casos se ha reducido de manera dramática el número de personas empleadas: los confeccionistas hoy producen más con solo el 46 por ciento de los trabajadores que empleaban hace 10 años –un caso extremo de crecimiento con destrucción de empleo–, mientras que los productores de tela han reducido su planta de personal en 40 por ciento.

La globalización es una realidad inatajable y para sobrevivir, los productores nacionales deben adaptarse al nuevo entorno competitivo. Pero cuando se constata que los competidores tienen subsidios o que existen prácticas de subfacturación de importaciones como un mecanismo para el lavado de dinero, corresponde al Gobierno tomar las determinaciones necesarias para defender la industria y el empleo nacional, como acertadamente lo hizo en el caso de las confecciones.

Lo que falta por hacer es adoptar una medida similar para las importaciones de hilos y telas, de forma que la protección cobije a toda la cadena de valor del sector textil y no solo a una parte del mismo. Se trata de una decisión oficial que demostraría el real interés de la nueva Ministra del ramo en los problemas y dificultades de la industria colombiana.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto

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