Ricardo Ávila
Editorial

Hay que darse la ‘pela’

Sin la certeza sobre la fecha del acuerdo final con las Farc, el Gobierno debería precisar los puntos centrales de la reforma tributaria.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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POR:
Ricardo Ávila
agosto 15 de 2016
2016-08-15 06:59 p.m.
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Una de las máximas que usualmente repiten los expertos en comunicaciones estratégicas es que en el mundo de hoy es más fácil controlar la información cuando se entrega de forma veraz que cuando se retiene. De lo contrario, hay que pasar a la defensiva, lo que implica responder afirmaciones que contienen verdades a medias y apagar incendios aquí y allá.

Bajo ese parámetro, al Gobierno le está saliendo muy mal la postura de no destapar las cartas de la reforma tributaria que radicará en el Congreso el próximo octubre, tal como lo ratificó en la asamblea de la Andi el propio Juan Manuel Santos. Ante la ausencia de precisiones, cada cual hace cábalas, mientras que los amigos de pescar en río revuelto empiezan a circular rumores que incluyen aumentos exorbitantes en diferentes gravámenes. Un periodista televisivo sostuvo, sin que le temblara la voz, que en el 2017 los colombianos pagarán 30 por ciento más de impuestos que ahora.

"Sin la certeza sobre la fecha del acuerdo final con las Farc, el Gobierno debería precisar los puntos centrales de la reforma tributaria".

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Es conocida la razón por la cual el Ministerio de Hacienda se encuentra amordazado. En la Casa de Nariño existe la convicción de que anunciar el paquete de medidas sería equivalente a darle el puntillazo de muerte al plebiscito. Dicho con franqueza, la impopularidad del Gobierno sería todavía mayor, lo cual dificultaría mucho conseguir el respaldo popular para darle la bendición a los acuerdos que se consigan con las Farc en La Habana.

"Con el plebiscito pendiente, hablar de impuestos sería un suicidio político, pero los rumores y la incertidumbre hacen mucho daño".

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Bajo esa lógica, lo que procede es convocar a los ciudadanos a las urnas y una vez estos voten se conocería el texto de la propuesta. Lo que tenían en la cabeza los funcionarios es que la cita con las urnas podría concretarse a finales de septiembre, tras lo cual se empezaría a socializar la iniciativa que deberá llegar al Capitolio el 15 de octubre. Esa es la fecha límite para que los tiempos del debate funcionen, con mensaje de urgencia
Aunque en principio, la postura tiene fundamento la administración se arriesga a quedarse con el pecado y sin el género. Más allá de que en la capital cubana trabajen a marchas forzadas, nadie puede asegurar a ciencia cierta que la firma del documento final tendrá lugar en una fecha cierta. Si algo quedó claro tras la frustración del 23 de marzo –cuando se cumplieron los seis meses que en su momento definieron Santos y ‘Timochenko’– es que eso de poner plazos es un error.

Al respecto, hay quienes creen que la salida es dejar unos pocos puntos en el aire, lo cual le permitiría a la Registraduría organizar los comicios seis semanas después. El riesgo es que cualquier indefinición les serviría a los partidarios del ‘No’ para alegar falta de claridad y ganar un mayor número de adeptos. Otro peligro es que los cronogramas se superpongan y, ahí sí, la controversia por la tributaria opaque la jornada electoral.


Por todo lo anterior, el Gobierno debería considerar con seriedad la opción de presentar los elementos centrales de la reforma de una vez, comenzando por el aumento del IVA. Como se sabe, los expertos independientes que entregaron sus recomendaciones en diciembre hablaron de tres puntos porcentuales. La justificación del alza es que se requiere compensar en parte los recursos que se dejaron de recaudar debido al fin de la bonanza petrolera.

A primera vista, hablar de frente sería un suicidio político. El descontento aumentará y más de un congresista puede verse forzado a decir que no respaldará la idea de más cargas. La otra cara de la moneda es que un mensaje franco le servirá a la administración para explicar que el costo de cruzarse de brazos sería inmenso y que nos exponemos a una recesión al estilo de la de Brasil si no se trabaja en la sostenibilidad de las finanzas públicas, así haya o no un acuerdo con las Farc.

Tal como sucede como con los médicos cuando son portadores de malas noticias, la gente prefiere que le digan la verdad y no que le oculten lo que ya es un secreto a voces.
En consecuencia, es mejor darse la ‘pela’ de la tributaria de una vez por todas.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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