Ricardo Ávila

La hora de la verdad

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
mayo 01 de 2013
2013-05-01 11:45 p.m.
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Un debate de grandes proporciones es el que desde hace varias semanas tiene lugar en la capital de Antioquia, por cuenta de la propuesta de fusionar a UNE, filial de Empresas Públicas de Medellín (EPM), con una compañía de Millicom, la multinacional de origen sueco que es socia mayoritaria de la firma que opera Tigo en el país. Al cabo de muchos ires y venires, que han incluido foros públicos, controversias en la prensa y debates políticos, la iniciativa se enfrenta a su primer momento crucial hoy cuando en el concejo de la urbe paisa las Comisiones Primera y Tercera del cabildo se reúnan para votar el texto del proyecto de acuerdo, antes de que pase a la plenaria.

Dependiendo de a quién se le pregunte, la propuesta es una buena idea o un error garrafal. Para sus defensores, se trata de aceptar la realidad que impera en el mundo de las telecomunicaciones, en el cual la masa crítica y la posibilidad de ofrecerles todos los servicios posibles a los usuarios, es fundamental para ser rentable y perdurar. De tal manera, cada vez es más usual que una persona contrate con un mismo proveedor tanto la telefonía fija como la celular, la televisión por cable y el acceso a Internet, no solo por motivos de comodidad, sino de precio.

Teniendo en cuenta que UNE y Tigo son complementarios, una integración de sus líneas de negocio les permitiría contar con el portafolio debido. Además, los ejercicios financieros muestran que la fusión generaría sinergias, ya sea en materia de ahorros como de posibilidad de generar ingresos adicionales. Puesto de otra manera, el resultado esperado es más que la suma de las partes.

En cambio, quienes critican el esquema hablan de que Medellín saldría perdiendo. Para comenzar, existe la impresión de que se estaría abandonando el modelo que ha hecho tan exitosa a EPM, que es quizás la empresa de capital público más próspera del continente. Bajo este punto de vista, al realizar una especie de privatización por la puerta de atrás se estaría entregando un activo muy valioso, al tiempo que se le da el manejo de la operación a un tercero que no tiene una gran solidez financiera, sin tener certeza de que las cosas vayan a resultar en el futuro.

No obstante, los argumentos tienden a ser más políticos que contables, pues se reitera, con insistencia, que todo se trata de una ola neoliberal que busca que los paisas se desprendan de una de las joyas de su corona. Adicionalmente, otros dicen que no hay afán y que lo mejor sería buscar alianzas, incluso con socios potenciales que tengan interés de venir a Colombia.

Aunque respetables, tales posturas tienen el problema de partir de una concepción más estática que dinámica. Para decirlo con claridad, la experiencia muestra que en el mundo de las telecomunicaciones hay que saberse mover a tiempo para no desaparecer, ya que las ventajas comparativas de hoy pueden ser los lastres del mañana, para no hablar de la necesidad de ‘estar en la jugada’.

Así ocurre, por ejemplo, con la licitación de las frecuencias de 4G en el país que empieza su cuenta regresiva la semana próxima, y en donde UNE cuenta con una licencia que no le es suficiente si quiere enfrentarse con éxito a competidores mucho más grandes. El lío es que crecer en este campo exige inversiones que pueden llegar a un billón de pesos, algo que sería más lógico si se hace con un socio que esté en telefonía móvil y pueda sacarle más provecho a la nueva tecnología.

Realidades como esa deberían pesar más en el ánimo de los concejales de Medellín, que las consideraciones regionalistas. En último término, la decisión que tome el cabildo debe tener como fundamento qué es lo que le conviene más a la ciudad, tanto desde el punto de vista de patrimonio y rentabilidad, como de apostarle a ser relevante en un sector con gran potencial en el que es mejor ir acompañado que solo.

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