Ricardo Ávila

La hora del balance

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
diciembre 14 de 2013
2013-12-14 11:04 p.m.
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Cuando en un futuro, quienes se dediquen a la historia económica y deseen mirar hacia atrás con el fin de evaluar qué tanto se destacó el 2013 en esta materia, probablemente le dediquen más de dos líneas al año que termina.

La razón es que en estos meses han tenido lugar algunos cambios que pueden ser determinantes para la senda que recorre el país, así ello no sea obvio todavía.

Y es que a primera vista parecería que el presente ejercicio no tiene mucho de destacado. Por ejemplo, la tasa de crecimiento estará cerca del 4 por ciento, un dato aceptable en las actuales circunstancias mundiales, pero inferior al promedio colombiano reciente.

Tampoco han tenido lugar sobresaltos importantes.

Es verdad que a la industria le fue mal, pero el declive había comenzado en el 2012. Algo similar sucedió con el mercado de valores que registró una contracción en las cotizaciones y el monto transado, pero esa baja tuvo que ver, en parte, con la crisis causada por el naufragio de InterBolsa hace más de 13 meses.

Desde el terreno de lo positivo también pasaron cosas que hay que resaltar, si bien venían desde antes.

La primera es el buen comportamiento de la inflación, que llegó en noviembre al punto más bajo desde cuando el Banco de la República empezó a recolectar estadísticas sobre la canasta familiar hacia 1954.

El descenso es importante, no solo porque implica un alza mayor que la esperada en el poder adquisitivo de los hogares, sino debido a que condiciona ciertos reajustes para el próximo año, al ponerles un piso más bajo.

Falta que se defina el nuevo salario mínimo, pero este se debería ver influenciado por el alza en el índice de precios.

También, al mirar hacia atrás, hay que destacar que a pesar de la desaceleración que experimentó la economía, el desempleo mantuvo su ritmo descendente.

De hecho, el dato de octubre fue el más bajo desde 1995, con lo cual se ha cerrado la brecha que en este campo tenía el país con América Latina, en donde los progresos fueron escasos. Adicionalmente, la población ocupada llego a más de 22 millones de personas, un volumen que garantiza el vigor de la demanda interna, así la informalidad no haya dejado de ser un desafío.

En gracia de discusión, podría decirse que los elementos descritos eran previsibles, pues en parte confirman tendencias que vienen de atrás.

Sin embargo, hay casos en los cuales se presentaron cambios trascendentales que no deberían pasar desapercibidos en absoluto.

El más evidente de todos es el fin del ciclo de precios altos de los bienes primarios. Como lo mostraron las cotizaciones del café, el carbón, el oro, y, en menor grado, el petróleo, empieza una etapa que significa el fin de la bonanza, lo cual tiene implicaciones para América Latina en general y para Colombia en particular.

Así lo registra el retroceso de las exportaciones, a pesar de un mayor volumen despachado.

La nueva realidad, combinada con la variación anunciada en la política de proveer liquidez, que puso en marcha en el 2008 el Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos, trajo consigo un punto de inflexión en las tasas de cambio, con lo cual el periodo de la revaluación de las monedas de las economías emergentes posiblemente ha llegado a su fin.

Así debería terminar el que ha sido uno de los grandes dolores de cabeza de funcionarios y exportadores.

Sin embargo, quizás lo más fundamental de todo -por lo menos para Colombia- es el arranque de la locomotora de la infraestructura, expresado en la apertura de licitaciones, la apropiación de recursos y la aceleración de obras en marcha. Tanto en lo vial, como en puertos, hidrovías y ferrocarriles empiezan a pasar cosas. Ese factor implica que el sector líder de la economía, que fue durante años el de la minería, pasa a ser el de la construcción. Y ese es el principal y más duradero legado que deja el 2013.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

Twitter: @ravilapinto

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