Ricardo Ávila

La hora de la batalla

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
abril 02 de 2014
2014-04-02 03:37 a.m.
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Una de esas tradiciones no escritas, relativa a la manera en que se hacen las cosas en Colombia, es la que determina que el periodo de sesiones del Congreso, que tiene lugar entre las elecciones legislativas y la llegada de los nuevos senadores y representantes a la Cámara, no es uno de gran productividad. Al fin de cuentas, los parlamentarios que siguen prefieren reservarse para el siguiente semestre, mientras los que se van, no tienen muchos ánimos de trabajar.

Y aunque es muy posible que en esta oportunidad vuelva a ocurrir lo mismo, hay que hacer votos para que uno que otro tema no duerma el sueño de los justos. Así ocurre con la reforma a la salud, todavía en veremos, a la cual le falta apenas una vuelta, junto a una cirugía mayor, que justifique el que salga adelante.

También sucede con una iniciativa de la que por fin se comenzó a hablar ayer en la Comisión Primera del Senado y cuyo debate es inminente. Se trata de un nuevo empuje en contra del contrabando, el flagelo que le cuesta al fisco billones de pesos anuales en tributos no recaudados y a industriales y agricultores sumas incalculables, atribuibles a la competencia desleal, que inciden sobre la generación de empleo.

El texto del proyecto, radicado originalmente en septiembre, corría el peligro de sufrir la misma suerte que otros intentos que han naufragado en el pasado. No obstante, el liderazgo del Ministerio de Hacienda, junto con el convencimiento de los partidos que componen la Unidad Nacional sobre la eventualidad de un margen de maniobra más reducido a partir del próximo 20 de julio, le ha dado un inesperado impulso a la propuesta.

Hay que hacer votos, entonces, porque los debates sean fructíferos y el texto reciba la consideración que merece para que se pueda convertir en ley de la República en el menor tiempo posible. Si así pasa, las herramientas en la mano de las autoridades van a ser mucho más efectivas que las actuales.

Semejante deseo tiene su asidero en lo indispensable que resulta combatir un delito de inmensas proporciones detrás del cual se encuentran algunas de las más poderosas mafias, dentro de las muchas que operan en el país. Las pesquisas realizadas demuestran que este es un eslabón de la cadena criminal a través del cual se lavan centenares de millones de dólares y se llenan las arcas de los grupos al margen de la ley.

Ya sea la entrada de cigarrillos provenientes de Paraguay, el comercio de gasolina que llega de Venezuela, la venta de arroz que procede del Ecuador o la traída de calzado, confecciones y electrodomésticos desde Panamá –para hablar tan solo de las manifestaciones prácticas más conocidas–, en todos los casos existen esquemas organizados que corrompen a funcionarios y fuerzas del orden. Cuando se ponen en la balanza los supuestos beneficios de comprar licores sin estampillas o artículos a precios reducidos, no hay duda de que el valor de las pérdidas sociales es mayor.

En consecuencia, lo que procede es declararle la guerra al contrabando, lo cual comienza con equiparar a sus responsables con los narcotraficantes, como correctamente los describió ayer el Ministro de Hacienda en el Capitolio. De tal manera, se requieren más herramientas penales, al igual que un fortalecimiento institucional que pasa por la UIAF, el Invima, el ICA, la Policía Fiscal y Aduanera, y la propia Dian.

Pero para llegar allá, hay que ganar la batalla en el Congreso, algo que exige un compromiso mayor de la sociedad colombiana a la hora de recordarles a los legisladores que hay que avanzar en este tema. Eso quiere decir que el sector privado debe hacerse presente en las deliberaciones, pues se equivoca quien piensa que este es un problema que compete solo al Ejecutivo, cuando las consecuencias del contrabando las pagamos todos los colombianos. Sin distingo de clase.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

Twitter: @ravilapinto

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