Ricardo Ávila
Editorial

¿Hora del ‘toma y dame’?

Las eventuales consecuencias de medidas proteccionistas y alteraciones cambiarias profundas que adopte Trump, abrirían una verdadera caja de Pandora.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
enero 22 de 2017
2017-01-22 06:57 p.m.
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Todavía resuenan en los oídos de la opinión mundial las palabras pronunciadas por Donald Trump el viernes pasado en Washington, casi en el mismo momento en que el reloj marcó las 12 del mediodía. Tras asumir el cargo de presidente de Estados Unidos, el magnate dejó en claro que no ha cambiado un ápice desde los tiempos de la campaña y que su programa de gobierno buscará redistribuir las cargas para que el resto del planeta no se aproveche de la supuesta generosidad mostrada hasta ahora por los norteamericanos.

“Cada decisión sobre comercio, impuestos, inmigración, asuntos exteriores, será hecha para beneficiar a los trabajadores americanos y las familias americanas”, señaló el mandatario. Y para que no quedara duda de lo que eso significa, agregó: “debemos proteger nuestras fronteras de la codicia de otros países que están haciendo nuestros productos, robando nuestras compañías y destruyendo nuestros trabajos”.

Es estéril debatir a estas alturas la lógica usada por el nuevo inquilino de la Casa Blanca para llegar a esa conclusión. Lo que vale la pena considerar es lo que puede venir en los próximos 100 días, plazo fijado para adelantar las reformas que acabarán con el legado de Barack Obama y pondrán en marcha la arquitectura ideada por la administración republicana actual. Al respecto, vale la pena subrayar dos temas.

Según los conocedores, se aproxima un impuesto a las importaciones diferente a un arancel, pero que operará como tal. Un gravamen abierto violaría los tratados vigentes e iría en contra de las normas de la Organización Mundial de Comercio. Para evitar demandas, habría un IVA de carácter federal, posiblemente no aplicable a todo el universo de bienes que existen, sino a los que se fabricaban en plantas estadounidenses y ahora vienen de afuera.

Falta ver si se impone la cabeza fría entre las naciones que se dan cuenta de que eso de poner a “América primero”, significa dejar al resto del mundo de último.

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Las víctimas inmediatas de esa política serían México y China, aunque Canadá, buena parte de Asia y el resto de América Latina, podrían resultar afectados. Todo dependerá de qué tan amplia sea la red que se lance, o si el primer apretón se concentrará en una serie de artículos emblemáticos, incluyendo automóviles, confecciones o electrodomésticos.

Más de uno considera que lo importante es dar una señal para que comiencen a hacerse inversiones en el territorio continental, las cuales permitirían sustituir importaciones una vez la capacidad fabril exista. De lo contrario, los consumidores -y especialmente los de menores ingresos- se verían obligados a pagar más de forma inmediata, sin tener alternativas a la mano.

No menos importante es lo que sucedería en el frente financiero. Según las estadísticas disponibles, las multinacionales con sede en Estados Unidos mantienen más de dos billones de dólares en el extranjero, por motivos puramente tributarios. Una rebaja sustancial de lo que deben pagar por repatriar ese dinero dispararía la llegada de capitales que, en el mejor de los casos, apoyarían el renacimiento industrial que Washington desea.

Si eso acaba siendo así, no es necesario ser un experto para darse cuenta de que el billete verde tenderá a fortalecerse todavía más. Desde hace meses, el Banco de la Reserva Federal viene indicando que subirá las tasas de interés con el fin de evitar que se dispare la inflación en una economía cuyo ritmo es bueno, así Trump diga otra cosa. Pero en lugar de que el proceso sea ordenado, las nuevas reglas de juego pueden acelerar la apreciación del dólar, llevándolo más allá de lo aconsejable.

Las eventuales consecuencias de medidas proteccionistas y alteraciones cambiarias profundas, abrirían una verdadera caja de Pandora. En algunas latitudes, la primera reacción será la de responder con decisiones del mismo corte. Otros buscarán el camino de la persuasión, a sabiendas de que una dinámica de ‘toma y dame’ acaba haciendo daño a aquellos que la ponen en práctica. Falta ver, sin embargo, si se impone la cabeza fría entre las naciones que se dan cuenta de que eso de poner a “América primero”, significa dejar al resto del mundo de último.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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