Ricardo Ávila

La hora de los tres pilares

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
agosto 08 de 2014
2014-08-08 12:45 a.m.
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Algo va de una posesión a otra. Así podría resumirse el contraste entre el discurso que pronunció Juan Manuel Santos el 7 de agosto del 2010, cuando se ciñó por primera vez la banda tricolor, y el que leyó ayer en una tarde más gris que soleada, en la Plaza Núñez que conecta el Capitolio con la Casa de Nariño.

Más allá de las diferencias obvias –como el homenaje público de hace cuatro años a Álvaro Uribe, quien esta vez se ausentó de la ceremonia junto con toda su bancada–, hay que destacar el cambio de enfoque, que consiste en sustituir la prosperidad democrática por una meta que trasciende el periodo de la administración que empieza: tener en el 2025 un país en paz, con equidad y que sea el más educado de América Latina.

Son esos tres pilares los que determinarán el accionar del Ejecutivo en este cuatrienio. El de la paz casi que se explica por sí solo y está atado a un eventual acuerdo con las Farc y el Eln, aunque va mucho más allá, pues incorpora elementos de seguridad ciudadana y la presencia de una administración de justicia efectiva.

Si bien es indudable que el camino que se ha recorrido hasta ahora llega mucho más lejos que el de otros esfuerzos similares, también lo es que quedan varios obstáculos en la vía. Uno de los más complejos es la intensificación de los actos terroristas por parte de la guerrilla en contra de la población civil. Tal actitud corre el peligro de poner a la ciudadanía en contra, quitándole legitimidad al proceso.

Tampoco son fáciles de sortear los retos en la aspiración de cerrar las brechas de ingreso y oportunidades que dividen a la sociedad colombiana. En su intervención, Santos habló de la disminución de la pobreza, de la vivienda, de la salud, del agro, de la descentralización, de la masificación de la banda ancha, del programa de infraestructura en marcha y de la creación de 2,5 millones de empleos más.

No obstante, fueron más los enunciados que los compromisos específicos. Para quienes gustan de leer entre líneas, resultó llamativo que el mandatario destacó la entrega de 100.000 casas gratis para los más pobres y dijo que se apresta a otorgar una cantidad mayor, “muchas de ellas gratis”. Esa vaguedad contrastó con la promesa de 300.000 unidades hecha en la campaña.

Por otra parte, brillaron por su ausencia las reformas estructurales que los expertos consideran indispensables para hacer de Colombia una nación más igualitaria. No hubo mención al tema de los impuestos y tampoco al de las pensiones, para no hablar de la cirugía de fondo que requiere la justicia o de acciones puntuales o continuadas para mejorar la competitividad.

La notoria excepción fue la educación, frente a la cual se hizo un compromiso que no tiene paralelo en la historia de las posesiones presidenciales. El propósito de apuntarle no solo a la cobertura, sino especialmente a la calidad, mediante estrategias como la jornada completa o la capacitación de los maestros es bienvenido, pero requerirá de recursos, estrategias adecuadas y liderazgo. Aun así, enciende una luz de esperanza sobre la posibilidad de construir un país más incluyente, cuya base sólida sea el conocimiento.

Falta, por lo tanto, que en los próximos meses se defina la manera de conseguir que los tres pilares citados empiecen a convertirse en realidad. Más allá de la continuidad propia de una administración que cuenta con ministros experimentados en carteras clave, la tarea que se viene no es fácil.

Y es que en una nación en la que lo urgente no deja tiempo para lo importante, el Presidente tiene que ser capaz de cuidar los asuntos de la coyuntura, sin dejar de mirar al mediano y largo plazo. De lo contrario, corre el riesgo de que lo tilden de estar desconectado de la realidad o de no poder concretar esos tres sueños esbozados ayer, que en realidad son uno solo. El de una Colombia en paz, con equidad y educada.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

Twitter: @ravilapinto


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