Ricardo Ávila

A impedir un corto circuito

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
octubre 08 de 2015
2015-10-08 01:18 a.m.
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A medida que se hacen más intensas las alertas en torno a la dureza del fenómeno climático del Niño, que ha afectado el régimen de lluvias y el caudal de las fuentes de agua en buena parte del territorio nacional, vuelven a dispararse las alarmas en torno a un posible racionamiento de energía. Más de un ciudadano se pregunta si estamos cerca de una crisis como la de 1992, cuando los cortes de electricidad llegaron a las siete horas diarias, ocasionando trastornos que todavía no se olvidan.

En respuesta, los expertos insisten en que las condiciones actuales son muy diferentes y que el país tiene cómo pasar la prueba. Es cierto que la mayoría de las plantas son hidroeléctricas, pero la capacidad instalada se ha venido ampliando y el nivel de los embalses da cierto margen de tranquilidad para enfrentar una sequía, que sería aún más fuerte en los meses que vienen.

No obstante, para que las cosas funcionen es necesario que el sistema térmico opere bien. La idea es que la generación que tiene como fuente gas, carbón o combustible líquido haga su aporte, con el fin de ahorrar agua y contar con un colchón de seguridad importante. Debido a ello, su participación en la oferta energética ha subido recientemente a cerca del 40 por ciento, entre 10 y 15 puntos por encima de lo que es usual.

Sobre el papel, esa contribución podría crecer todavía más. Al fin de cuentas, todos los colombianos vienen pagando desde hace años, en su factura mensual, un cargo que sirve para asegurar que hay disponibilidad de oferta termoeléctrica abundante, en caso de ser necesaria.

El problema es que si se llegaran a prender todas las plantas, habría dificultades para que estas se abastezcan de los combustibles que necesitan. Para colmo de males, un proyecto de resolución de origen gubernamental es motivo de preocupación, pues introduciría un cambio en las reglas de juego que, según algunos, podría ocasionar la quiebra de aquellos que estén obligados a vender energía a pérdida.

Por tal razón, es de esperar que prime el sentido común y no se multipliquen los frentes de batalla en momentos en que el país confía en tener un suministro adecuado de electricidad, independientemente de los trastornos climáticos. De tal manera, las autoridades deberían concentrarse en romper los cuellos de botella que amenazan con volverse un dolor de cabeza.

Así pasa con el gas natural, en donde podría decirse que hay síntomas de escasez. Tanto el agotamiento de los campos de La Guajira como la demora en darles luz verde a varios gasoductos clave, pueden salir costosos. A lo anterior se suma la incertidumbre sobre si Venezuela honrará el compromiso de exportar el combustible a Colombia en enero, después de que se lo vendimos durante años.

Los grandes beneficiados, por ahora, han sido los productores, con Ecopetrol a la cabeza, que cobran el compuesto muy por encima de las cotizaciones internacionales. Eventualmente, la competencia llegará cuando se termine una planta de regasificación que está en construcción, pero lo importante es evitar abusos de posición dominante que acaban siendo asumidos por el usuario.

En el caso del combustible líquido, la próxima entrada en operación de Reficar, también serviría para disminuir tensiones. Aquí, es fundamental que se paguen precios justos, una labor que les corresponde a las entidades de vigilancia, que cuentan con las herramientas para intervenir.

Solamente actuando de manera preventiva, se podrán evitar sobresaltos innecesarios, justo cuando la naturaleza nos juega una mala pasada. Sobre el papel, el país ha construido un sistema que tiene cómo superar la emergencia, y aunque los ajustes pueden justificarse, necesitan ser graduales y más a la luz de la coyuntura. No hay que olvidar aquella máxima, aprendida de forma dolorosa, que afirma que ‘la energía más costosa, es la que no se tiene’.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

@ravilapinto

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