Ricardo Ávila

La importancia del piloto

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
marzo 27 de 2015
2015-03-27 03:19 a.m.
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Hacía tiempo que el mundo de la aviación no experimentaba una turbulencia similar. El accidente del vuelo 9525 de la aerolínea de descuento Germanwings, que se estrelló con 150 personas a bordo en los Alpes franceses a comienzos de la semana, ha sacudido a todo el sector.

La razón es el sorpresivo giro que dieron las investigaciones. La comparecencia ante los medios de Brice Robin, un fiscal de Marsella, que tiene a su cargo el proceso, confirmó las teorías que algunos habían empezado a esbozar, cuando se supo que el aparato siniestrado no había experimentado falla mecánica alguna.

De acuerdo con el funcionario galo, la única explicación posible de la tragedia es que el copiloto, Andreas Lubiz, voluntariamente accionó los mandos que llevaron al avión a descender durante diez minutos de manera súbita, desde su altura de crucero. Los golpes desesperados del capitán, que aparentemente había salido de la cabina, y los gritos de pánico de los pasajeros, es lo único que se escucha en el minuto final.

Mientras las autoridades tratan de entender el por qué de lo sucedido y los motivos del joven, de 27 años, para enlutar tantos hogares, más de una compañía empezó a tomar medidas. Easy Jet, Norwegian, Emirates y Air Canada son algunas de las que decidieron que nunca puede haber menos de dos personas en el lugar donde están los controles, así una sea auxiliar de vuelo.

El arreglo es fácil de poner en práctica. Es la salida obvia ante un inconveniente creado tras la decisión de instalar puertas blindadas, como respuesta a los atentados del 11 de septiembre del 2001. En ese momento, el propósito era evitar que alguien externo a la tripulación pudiera acercarse al timón a la fuerza, como fue el caso con los terroristas que derribaron las torres gemelas en Nueva York.

Sin embargo, pocos pensaron en que la inexpugnabilidad del sistema llevara a tan lamentable desenlace. A pesar de los estrictos controles aplicados en Lufthansa, a cuyo grupo pertenece la nave accidentada, nada hizo prever que uno de los encargados de llevarla seguramente a su destino, tomara una determinación fatal.

Con el paso de los días, posiblemente se conocerán perfiles sicológicos y nuevas evidencias. Pero realmente, de lo que se trata aquí es de preservar la fe del público, cuya disposición a colocar su destino en manos de un par de desconocidos y elevarse a miles de pies de altura, es lo que posibilita la existencia del negocio aéreo.

Es de suponer que la gente continuará volando. La globalización es una realidad y esta tiene que ver con el deseo de las personas de moverse de un lado a otro, ya sea por razones familiares, de negocios o de turismo.

Dependiendo de la hora, en las zonas más congestionadas puede haber más de 10.000 aviones surcando los cielos del planeta en un momento dado. Con respecto a los temores que algunos tienen, las estadísticas muestran que desplazarse por los aires es mucho más seguro que hacerlo por tierra. Sin desconocer las catástrofes ocurridas, la probabilidad de morir en vuelo es la más baja de la historia.

Tal como ocurre con tantas otras actividades, en esta del transporte aéreo pesa tanto la tecnología como la confianza. No hay duda de que los aparatos actuales están mejor construidos, son menos propensos a fallas y más eficientes que sus predecesores, en todo sentido.

Y aunque la automatización ha avanzado y más de uno sueña con las máquinas, siempre estará presente el factor humano, pues la responsabilidad está sobre todo en la cabina de mando, aparte de los controladores aéreos, que desde la superficie permiten que el sistema opere.

Se trata de que cada cual haga su trabajo para que la nave llegue a salvo a su destino. Es una lección que acaba de ser puesta de presente ahora y que se aplica en todos los asuntos públicos y privados.

Porque el piloto importa.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto
 

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