Ricardo Ávila

Inquietudes justificables

El rápido aumento en la deuda privada externa de corto plazo es, sin duda, inconveniente.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
mayo 18 de 2011
2011-05-18 12:54 a.m.
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Un grito en el cielo es el que han puesto varios analistas, después de que hace unos días el Banco de la República diera a conocer las estadísticas más recientes –con corte a febrero del 2011– sobre el comportamiento de la deuda externa de Colombia.


De acuerdo con el Emisor, las acreencias de los particulares y los entes gubernamentales con la banca multilateral y comercial ascendieron a 67.267 millones de dólares en el segundo mes del año, una suma que no sólo no tiene precedentes en la historia del país, sino que viene incrementándose en forma sostenida.


No obstante, vale la pena aclarar que la cifra citada representa el 23,4 por ciento del Producto Interno Bruto, 17 puntos porcentuales menos que en el 2003. Puesto de otra manera, y a pesar de los mayores saldos, parecería que no existe justificación para encender las luces de alerta.


Eso es cierto en términos generales, dado el aumento en las reservas en divisas, la firma reciente de una línea de crédito flexible con el Fondo Monetario Internacional y la buena salud del sector externo. La conjunción de tales realidades y unas cuantas más llevan a pensar que el país tiene espacio suficiente para honrar sus compromisos, si llegara a presentarse un cambio súbito en la liquidez global.


Pero el parte de tranquilidad en dicho frente no impide reconocer algunas variaciones que deberían merecer el seguimiento de las autoridades. En particular, llama la atención lo sucedido con la deuda privada de corto plazo –en donde se agrupan diferentes modalidades de financiamiento– que tuvo un crecimiento del 122 por ciento desde febrero del 2010 y que ahora asciende a 8.512 millones de dólares. Si bien la de largo plazo también subió hasta llegar a 19.043 millones de dólares, el ritmo fue de 46 por ciento, una pendiente mucho menor. Además, el renglón de préstamos a menos de un año fue el más dinámico, con un salto de 172 por ciento.


Lo sucedido es consecuencia directa de la diferencia entre las tasas de interés en dólares y en pesos. A pesar de que el costo del dinero en Colombia ha bajado frente a los niveles de hace unos años, el promedio de las tasas de colocación supera el 14 por ciento anual, mientras en el exterior el mismo dinero se puede conseguir por la mitad o menos. De tal manera, y en un escenario de apreciación del peso, hace toda la lógica endeudarse afuera y traer el dinero, para disminuir los costos financieros.


Esa práctica ha tratado de ser limitada por el equipo económico, que a finales del año pasado impuso una retención en la fuente que, en términos prácticos, hizo más oneroso este tipo de créditos. Sin embargo, todo sugiere que la disposición fue insuficiente para contener la avalancha, con lo cual los saldos siguen subiendo.
Un incremento tan rápido en la deuda privada externa de corto plazo es, a todas luces, inconveniente. Ya en el pasado el país y un buen número de empresas han pagado costosas consecuencias, debido a variaciones repentinas en las condiciones mundiales. Por más improbable que parezca, una eventual disparada en el precio del dólar puede poner a un buen número de compañías en problemas.


Como si lo anterior fuera poco, es claro que lo sucedido tiene mucho que ver con el fenómeno de la revaluación. Ante la llegada masiva de fondos de afuera el peso se fortalece y, aunque el de los préstamos no es el único factor, el impacto que tienen es grande.


En consecuencia, valdría la pena que se estudien medidas más efectivas que estén orientadas por la prudencia. El ajuste puede imponerse de manera gradual y aunque el repunte del dólar parece haber disminuido la presión en el frente cambiario, es bueno ponerle el ‘tatequieto’ a un asunto que genera inquietudes justificables.

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