Ricardo Ávila

Jugando con fuego

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
julio 08 de 2014
2014-07-08 01:21 a.m.
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Ha pasado apenas algo más de un lustro desde la crisis financiera que sacudió al capitalismo mundial con una fuerza inusitada, al menos en las últimas siete décadas.

Las consecuencias de esa debacle todavía se sienten en un buen número de las naciones más ricas, sobre todo aquellas vecinas al Mar Mediterráneo.

Por cuenta del sacudón, el Producto Interno Bruto de Grecia se contrajo en cerca de 25 por ciento, en comparación con los niveles vistos en el 2007.

A su vez, las economías de España o Italia tienen hoy un tamaño que equivale al 90 por ciento del que alcanzaron antes del temporal, para no hablar de los desafíos en materia de empleo o de pérdida de beneficios sociales.

Pero si un observador se concentra en los precios de diferentes activos, parecería que nada ocurrió o –peor aún– que las dolorosas lecciones que dejó la debacle no fueron aprendidas.

Ante esa realidad, más de un observador está preguntándose si se está incubando o no una nueva tempestad que podría superar en fortaleza a la anterior.

Los motivos de tanta inquietud son varios.

En Wall Street, la bolsa de valores llegó a nuevos máximos históricos el viernes, después de que el índice Dow Jones rompió la marca simbólica de los 17.000 puntos.

A pesar de la ligera corrección vista ayer, el aumento de dicho indicador ha sido del 13,6 por ciento en los pasados 12 meses.

Y si se toman el S&P 500 o el Nasdaq –que se concentra en empresas tecnológicas–, los incrementos superan el 22 y el 29 por ciento, respectivamente.

En principio, las alzas deberían reflejar lo que dicen los balances de las compañías que tienen sus títulos inscritos en el mercado.

De hecho, una proporción mayoritaria de las empresas muestra crecimientos llamativos, tanto en ventas como ganancias.

Pero si se mira la relación entre precios y utilidades –cuya media a lo largo de más de un siglo ha sido de 16,5–, lo que se encuentra es que ahora se ubica en 25,6. En otras palabras, se está pagando mucho más por una acción que en épocas pasadas.

Los mensajes de que todo está muy caro no se detienen ahí. Si en Colombia los niveles de la finca raíz han sido objeto de múltiples titulares al alcanzar máximos nunca antes vistos, en buena parte del planeta pasa algo similar. Tanto, que en muchas capitales, ya sea del mundo desarrollado o emergente, el valor del metro cuadrado continúa subiendo.

Para completar el panorama, el nerviosismo que había en torno a algunos deudores ha desaparecido.

Durante cierto tiempo, el costo que tuvieron que pagar varios países latinoamericanos por sus bonos fue muy inferior al español, pero ahora no solo en Madrid, sino en Lisboa y Roma, se han colocado emisiones de papeles con rentabilidades inferiores a las de hace seis años, a pesar de que el endeudamiento no ha caído.

Todo lo anterior tiene una explicación.

Tanto el Banco Central Europeo como el de la Reserva Federal en Estados Unidos siguen con una política de tasas de interés bajas que se combina con una gran liquidez existente.

Ante la abundancia de dinero, las opciones de inversión escasean y eso lleva a que se inflen los precios, ya sea de una acción, de un título de deuda o de un edificio. Incluso la apreciación reciente de los tipos de cambio en monedas como la colombiana tiene su relación con esta situación.

En teoría, algunas de esas burbujas deberían perder aire si se cumplen los pronósticos en el sentido de que los intereses deben aumentar. No obstante, tanto en Bruselas como en Washington hay un dilema, pues cualquier vuelta de tuerca puede dar al traste con la recuperación económica, por lo cual el ajuste se ha venido posponiendo.

Y eso parece ser la opción preferida por ahora, así los más prudentes señalen que el mundo está jugando otra vez con fuego, después de haberse quemado hace tan poco tiempo.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

Twitter: @ravilapinto

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