Ricardo Ávila

Justos por pecadores

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
noviembre 29 de 2013
2013-11-29 03:59 a.m.
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A pesar de que el proceso había comenzado hace meses, nadie estaba preparado para la determinación que adoptó ayer la Procuraduría General de la Nación, cuando decidió destituir e inhabilitar por 12 años al Superintendente Financiero, Gerardo Hernández, así como a dos delegados de la misma entidad, debido a su actuación en el caso InterBolsa. Como es bien sabido, la que era la firma más grande del mercado de valores naufragó hace un año, por cuenta de los errores que cometieron sus administradores, dejando a su paso pérdidas millonarias.

Con el paso de los meses han sido documentados una serie de abusos, que no solo llevaron a las autoridades a decretar la liquidación de un grupo que abarcaba más de una docena de sociedades, sino a la apertura de procesos penales y civiles que hacen su curso. Las revelaciones han demostrado que elementos tan fundamentales como el responder debidamente a la confianza depositada por los inversionistas no fueron siempre tenidos en cuenta por los directivos del conglomerado.

A la luz de las responsabilidades que a estos últimos les cabe, resulta increíble que la sanción más fuerte hasta la fecha, recaiga en la cabeza de la entidad que siguió de cerca el comportamiento de InterBolsa. Dadas las herramientas a disposición, esta solo pudo intervenir hasta que tuvo lugar el incumplimiento de una operación bursátil a comienzos de noviembre del 2012.

Aparte de tener que entrar a apagar un incendio de proporciones incalculables, la Superintendencia tuvo que evitar que el fuego se propagara a todo el sector. Es imposible saber el tamaño de la catástrofe si se hubiera producido una reacción en cadena, pero es incuestionable que el daño habría sido considerable. En cambio, gracias a la gestión hecha fue posible controlar la avalancha, con lo cual en pocos días los mercados de títulos y acciones volvieron a operar con normalidad.

Por cuenta de lo conseguido en medio de circunstancias muy difíciles, Hernández y sus funcionarios deberían ser objeto de un reconocimiento. En cambio, la Procuraduría los sanciona con lo que considera un castigo ejemplar, cuando en realidad inaugura lo que puede convertirse en un precedente nefasto, desmejorando y no fortaleciendo la capacidad de supervisión estatal.

En términos prácticos, lo que ha quedado en claro es que hay una diferencia de criterio profunda entre el organismo de control y la Superintendencia. Para la primera, lo que correspondía era tomar medidas preventivas que podrían haber incluido la suspensión de la acción de Fabricato.

Hacer semejante afirmación suena totalmente lógico en el día de hoy, cuando el público conoce la tramoya que se montó en torno a los títulos de la textilera. No obstante, la verdad es que a mediados del año pasado la evidencia no era concluyente, pues no hubo una sola señal de alarma que fuera detectada por el resto del sistema.

Debido a esa manera de razonar, la Procuraduría se comporta como esos aficionados al fútbol que garantizan al otro día de que su equipo pierda el partido, que si el técnico hubiera hecho los cambios, el triunfo habría sido cosa segura. Peor aún, es implícito el mensaje de que el Superintendente debe saber lo que suceda en el futuro, desviando la responsabilidad sobre los administradores y dejándola en mano de los supervisores.

Más grave todavía es el mensaje de que más vale proteger a unos pocos y no la solidez del mercado, para no hablar del absurdo de afirmar que el Gobierno debería haberse informado de la estrategia del Fondo Premium con sede en Curazao. No solo se olvida que el bien común debe primar sobre el particular, sino que pretender extender el control a otras jurisdicciones entra en el terreno de lo risible.

En conclusión, hace bien el Gobierno en cerrar filas en torno al Superintendente y respaldarlo para que siga en su cargo, mientras se resuelve el recurso de reposición que este ha impuesto. Solo queda esperar que a la Procuraduría retorne la sensatez, porque de lo contrario lo que está en juego es mucho más que la calificación de la labor de un equipo que hizo las cosas bien.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

Twitter: @ravilapinto

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