Ricardo Ávila

Justos por pecadores

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
agosto 14 de 2012
2012-08-14 03:11 a.m.
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El viernes pasado, la economía colombiana fue sometida a un detallado análisis por parte de dos expertos.

De un lado, se encontraba el otrora economista estrella de la Universidad de Harvard, hoy vinculado a la de Columbia, en Nueva York, Jeffrey Sachs.

Del otro, estaba el también académico Orazio Attanasio, adscrito a UCL, una institución de educación superior londinense.

El escenario fue un panel que tuvo lugar durante la Asamblea de la Andi, que se desarrolló en Cartagena, el cual generó más de un elemento de reflexión.

La razón es que, al hablar de temas relacionados con el desarrollo, ambos profesores coincidieron en sus diagnósticos sobre un país que conocen bien, pero desde diferentes ángulos.

Mientras el estadounidense ha seguido más de cerca los asuntos macroeconómicos, el europeo se ha concentrado de lleno en la evaluación de programas sociales, como Familias en Acción, que le entrega un estipendio periódico a más de 2,5 millones de hogares de bajos ingresos.

Son dichos puntos de mira los que hacen más valiosa la conclusión alcanzada. En pocas palabras, el mensaje conjunto fue que los vientos soplan en favor de la economía nacional, gracias a la coexistencia de un par de factores.

Uno es un escenario de elevada demanda de los bienes primarios que exporta el país, que van desde el petróleo hasta el carbón, pasando por el café y el oro. El segundo es una mayor demanda interna, como consecuencia de la mejora en los índices de empleo.

A lo anterior se le agrega un marco institucional que mantiene la inflación bajo control y no comete excesos notorios en términos de gasto.

Pero, a pesar de esos elementos, nada hace pensar que el futuro del país sea brillante. El motivo principal es que la sociedad colombiana es una de las más desiguales de América Latina, que, a su vez, es la región con la peor distribución del ingreso en el mundo.

De tal manera, el Colombia se encuentra a la par de Haití o Bolivia, mientras naciones como Brasil, Chile o México tienen índices mucho mejores en esta materia.

Si bien en el 2011 tuvo lugar una ligera mejoría, el camino por recorrer es amplio.

Y mientras las brechas no se cierren, la inequidad seguirá operando como un lastre que evitará que la economía crezca más rápido, al condenar a una proporción importante de la población a seguir en la marginalidad.

¿Cómo romper ese círculo vicioso? Sachs y Attanasio sostienen que la única manera de hacerlo es a través de impuestos, que es como sucede en Europa.

Guardadas proporciones el Estado tiene que servir como una especie de Robin Hood, al aplicar políticas redistributivas en favor de los más pobres.

Esto sólo se logra con la focalización del gasto tanto en vivienda como en salud, pero, sobre todo, en calidad de la educación, algo que tiene que ser financiado con recaudos tributarios suficientes.

El problema es que Colombia está muy atrás en lo que los técnicos conocen como esfuerzo fiscal.

Puesto de otra manera, el peso de los impuestos sobre el Producto Interno Bruto es inferior al 20 por ciento, una proporción que dista de la que se ve en el Viejo Continente y que es inferior al promedio latinoamericano.

Semejante diagnóstico es útil, a la luz del debate sobre la conveniencia de presentar o no una reforma tributaria en la presente legislatura, que sería ‘neutra’ en lo que hace al recaudo.

Si bien es cierto que las cuentas públicas pasan por un buen momento y que el ambiente en el Congreso no es el más propicio, la reflexión es que cualquier cambio que se intente en el país será menor, mientras no se le meta el diente al asunto.

Además, es claro que las cargas están mal distribuidas, según lo viene de explicar un juicioso análisis hecho por Anif.

Y si a lo anterior se le agrega que habrá mayores costos por cuenta del desorden en la salud, las pensiones o la justicia, y la necesidad de mejor infraestructura, no estaría de más comenzar la discusión cuanto antes, para que no sigan pagando justos por pecadores.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

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