Ricardo Ávila
Editorial

La cuña que más aprieta...

La propuesta de rebajar la tarifa de renta que pagan las empresas en el país podría naufragar si el sector privado no la apoya.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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POR:
Ricardo Ávila
noviembre 24 de 2016
2016-11-24 10:29 p.m.
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No se ve fácil el camino para la reforma tributaria, que en tres semanas debería convertirse en Ley de la República para que entre en efecto a partir de enero. Después de que el Gobierno radicó el texto original hace más de un mes, comenzó un proceso de socialización que no ha terminado, al cual se le agregaron varias jornadas de trabajo con los ponentes designados por el Senado y la Cámara.

Tal como están las cosas, el próximo martes se radicaría la ponencia en la cual se incluirían no pocas modificaciones. Quienes le toman el pulso al Capitolio sostienen que la idea de aplicarle un tributo de 300 pesos por litro a las bebidas azucaradas es rechazada por los parlamentarios de las diversas bancadas, mientras más de uno insiste en que subir el IVA al 19 por ciento sería toda una bomba política, por lo cual se habla de un incremento gradual.

El desmonte parcial o total de ambas iniciativas sería un desastre para el Ministerio de Hacienda, pues el objetivo de aumentar los recaudos en al menos siete billones de pesos el próximo año, naufragaría. De tal manera, habría que convencer a los parlamentarios de que no queda más remedio que acudir a otras fuentes con el fin de compensar el faltante.

Una meta de la reforma tributaria es mejorar las condiciones para la inversión, pero la Andi cuestiona ese propósito.

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Bajo ese punto de vista, más de uno podría verse tentado a desechar la idea de rebajar el impuesto de renta de las empresas, que es una de las piedras angulares de la propuesta. La Comisión de Expertos, que entregó su reporte a finales del año pasado, demostró que en las condiciones actuales la tarifa sobre las utilidades llegaría al 43 por ciento en el 2018, muy superior al promedio de 27 por ciento en América Latina.

Ante la falta de competitividad en ese frente, que nos pone en condiciones desventajosas a la hora de atraer inversión, el planteamiento fue el de rebajar la carga al 32 por ciento a partir del 2019. Los técnicos pensaron que semejante disminución sería bien acogida por el sector privado y, de hecho, se han recibido respaldos individuales al respecto.

Sin embargo, nadie contaba con la andanada del presidente de la Andi, Bruce Mac Master, quien se declaró decepcionado de la reforma en varias declaraciones públicas. El argumento del líder gremial es que las cosas lejos de mejorar, empeorarán, pues en las cuentas se debería incluir que ahora nace un gravamen a los dividendos que sería del 10 por ciento para las personas naturales. Bajo ese punto de vista, la tarifa combinada superaría a la actual, con lo cual saldría lo comido por lo servido y seguiríamos peor que la mayoría de naciones.

No obstante, hay que tener varios elementos en cuenta. Para comenzar, los estudios revelan que una fuente de la inequidad que hace a Colombia uno de los países más desiguales del mundo es, precisamente, que los dividendos son exentos del impuesto sobre la renta. Un conocido documento de Facundo Alvaredo y Juliana Londoño muestra que el 88 por ciento de lo que reciben quienes pertenecen al 1 por ciento de mayores ingresos no se grava. Mantener ese privilegio, mientras el IVA sube tres puntos y los asalariados deben pagar más, daría origen a protestas.

Adicionalmente, las economías con las cuales nos equiparamos, o a las que nos queremos parecer, hacen que los dividendos tributen. La tasa combinada para socios y empresas en Estados Unidos es del 52 por ciento, en Alemania del 49, en Israel del 44, mientras en Chile y México supera el 40 por ciento, tras un par de cambios recientes. De aceptarse el esquema actual, quedaríamos en algo menos del 39 por ciento.

Ante la discusión, más de un congresista podría verse tentado a mirar las comparaciones internacionales y concluir que hay espacio para ser menos generosos con las sociedades o para seguir lo que plantearon los expertos inicialmente: 15 por ciento sobre los dividendos. En cualquier caso, la reforma sería menos estructural de lo que se buscaba. Y eso sería lamentable.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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