Ricardo Ávila
Editorial

La disyuntiva es clara

El presidente Santos planteó que la única manera de evitar un fuerte recorte en la inversión del 2017 es que se apruebe la reforma tributaria.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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POR:
Ricardo Ávila
julio 20 de 2016
2016-07-20 09:25 p.m.
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Tal como era previsible, el eje principal del discurso que Juan Manuel Santos pronunció este miércoles al instalar el periodo de sesiones del Congreso fue la paz. La cercanía del fin de las negociaciones con las Farc y la ratificación del instrumento del plebiscito por parte de la Corte Constitucional animaron al mandatario a pedirles a los parlamentarios su apoyo en la etapa del posconflicto que está cerca de comenzar.

Y entre las tareas designadas, la lista comienza por los proyectos de ley que buscarán implementar los acuerdos que vengan de La Habana. Además, la agenda incluye dos asuntos directamente relacionados con la economía, en torno a los cuales la discusión será intensa.

El primero es la aprobación del presupuesto del 2017, que será presentado a finales de este mes para que sea debatido en ambas Cámaras. Tal como se deriva del Marco Fiscal de Mediano Plazo, la iniciativa tendrá como nota predominante la austeridad, pues las finanzas públicas no están en buena situación y es obligatorio cumplir con un déficit menor que el de este año, tal como lo determina la regla fiscal.

En plata blanca eso quiere decir que el programa de gastos mostrará un recorte sustancial frente al vigente. Y dada la inflexibilidad de rubros como las transferencias o las partidas de funcionamiento, el ajuste vendrá por el lado de la inversión, cuyo tijeretazo se acercará a los cinco billones de pesos. Eso quiere decir que un gran número de programas se verá reducido a su mínima expresión, para no hablar de lo que se requiere para financiar los compromisos hechos en la capital cubana.

Ahí entra en juego el segundo punto mencionado por Santos. Este no es otro que la reforma tributaria estructural que el Gobierno presentaría una vez tenga lugar el plebiscito, y que deberá ser debatida a marchas forzadas con el fin de que entre en vigencia el próximo primero de enero.

Aparte de poner orden a un esquema en el que abundan las inequidades y que propicia tanto la elusión como la evasión de impuestos, la idea es definir un marco estable que acabe con el ciclo perverso de tapar huecos durante uno o dos años y patear los problemas de fondo para adelante. Además, hay que reemplazar al menos buena parte de los más de 20 billones de pesos de ingresos que se esfumaron debido a que la bonanza petrolera y minera terminó.

Si no se logran los dos objetivos, los riesgos son evidentes. Además de la frustración de quienes aspiran a ver instaurada una estructura tributaria moderna que mejore la competitividad del país en este frente, está la posibilidad de que las agencias internacionales de calificación de riesgo le bajen la calificación a los bonos emitidos por Colombia.

Por otra parte, no habría cómo evitar el apretón ya señalado en las partidas de inversión. Aunque en abstracto no faltará quien diga que ese dinero solo sirve para llenar de ‘mermelada’ a la clase política, en la práctica ello implicaría posponer indefinidamente una buena cantidad de obras, desde carreteras y vías terciarias, hasta la construcción de aulas escolares. Cualquier esperanza de cerrar la brecha que distancia a las áreas urbanas y rurales quedaría igualmente aplazada por mucho tiempo.

Semejante perspectiva será el estímulo para que la tributaria avance en el Capitolio, sin desconocer que la gran mayoría de la opinión se opone a cualquier intento de subir los impuestos de renta de las personas o el IVA. Una de las razones de ser de los congresistas es conseguir recursos del presupuesto para sus respectivas regiones, algo que no sería posible si la olla está raspada.

En conclusión, ayer quedó planteada la disyuntiva. El proyecto de presupuesto parte de una realidad desagradable, como es la falta de recursos. La única manera de obtenerlos y sacar adelante una adición presupuestal es conseguir que la reforma tributaria sea aprobada. No hay de otra.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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