Ricardo Ávila
Editorial

La preocupación más grande

Las encuestas dicen que colombianos de todos los niveles opinan que hay un claro deterioro en la seguridad de las principales urbes.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
febrero 14 de 2017
2017-02-14 08:34 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/09/56ba4e7b94041.png

Durante la campaña presidencial de Bill Clinton en 1992, se hizo famosa la frase, “¡Es la economía, estúpido!”, la misma que su asesor James Carville insistía en que debería guiar todos los mensajes electorales. El eslogan quedó como ejemplo de cuándo un candidato o gobernante debe enfocarse en un único tema.

Semejante ejemplo cae como anillo al dedo, a la hora de entender las preocupaciones de los habitantes de las ciudades en Colombia. Las cifras no mienten. En Barranquilla, se registraron 45 homicidios en enero, 11 más que en el mismo periodo del año pasado. El número de hurtos en Medellín, o de asesinatos en Cali, forma parte de estadísticas alarmantes. En Bogotá, el debate público reciente se ha centrado en los 29 asaltos a los buses del Sistema Integrado de Transporte Público (Sitp) en lo que va del 2017.

Aunque por muchos años la discusión de la seguridad urbana se concentró naturalmente en los homicidios, la reducción de ese flagelo ha puesto la mira en otros delitos como los robos. El Ministerio de Defensa afirma que en el 2016 la baja fue superior al 4 por ciento. Sin embargo, los delitos contra el patrimonio vienen subiendo: el hurto de motocicletas aumentó 7,8 por ciento, y los cometidos a personas, 8,3 por ciento.

'El miedo no solo es un factor peligroso para una sociedad en camino a reconciliarse, sino que le hace daño a la economía'

COMPARTIR EN TWITTER

Tales tendencias reflejan, en números fríos, la zozobra y el miedo que experimentan diariamente las víctimas de atracos. De hecho, a pesar de la caída en las muertes violentas, el 78 por ciento de los colombianos cree que en Colombia la inseguridad está empeorando, tal como lo señala el más reciente Gallup Poll. El ‘raponazo’ y el ‘cosquilleo, se suman a los males citados, junto con el ‘fleteo’, o el robo de domicilios y negocios.

Una manera que tienen los gobernantes de responder a las críticas sobre este mal es identificándolo como un problema subjetivo. Si bien es cierto que una cosa es la victimización y otra la impresión, ambos indicadores merecen atención y necesitan ser abordados con distintas estrategias. Por ejemplo, en Bogotá, según la Cámara de Comercio, la victimización directa subió cuatro puntos en la última medición, mientras que la percepción de inseguridad cayó 14 puntos con respecto al año anterior. Cifras similares se encontraron en la encuesta del programa ‘Bogotá Cómo Vamos’ de 2016.

Pero más allá de esas discrepancias, es difícil argumentar que las cosas están mejor en este aspecto. Una urbe que se considere insegura afecta el comportamiento del consumo y la inversión. No falta sino ver la cantidad de cadenas de WhatsApp sobre atracos, ladrones y noticias de delitos que circulan de celular en celular, así como las emisiones de noticieros de televisión con videos de asaltos y pandillas. Cuando la tranquilidad de la calle del barrio, del parque y del bus se pierden, los esfuerzos requeridos para recuperarlas son inmensos.

Las administraciones locales aplican una fórmula conocida de abordaje a la criminalidad, siempre restringida por los presupuestos. Cámaras de vigilancia, más pie de fuerza policial, más herramientas para los agentes del orden y más colaboración y denuncia ciudadana conforman un cóctel cuya mezcla varía, pero los ingredientes se mantienen. Surgen también críticas al sistema de justicia, ya que muchos de los delincuentes son reincidentes, o de ser capturados, regresan a las calles en poco tiempo sin mayor castigo.
En tiempos de consolidar la paz, el fortalecimiento de la seguridad urbana es pieza fundamental en la solidez del posconflicto.

Muchos analistas temen que las desmovilizaciones masivas de miembros de la guerrilla terminen en el incremento de bandas criminales y en el crecimiento de delitos como la extorsión. A los alcaldes de las ciudades de todos los tamaños, les corresponde poner la casa en orden en esta materia. El miedo no solo es un factor peligroso para una sociedad en camino a reconciliarse, sino que le hace daño a la economía.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado