Ricardo Ávila

Del otro lado del paraíso

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
octubre 10 de 2013
2013-10-10 01:28 a.m.
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Si en alguno de tantos temas importantes se encontraba en mora Colombia, este era el de tomar una posición firme en contra de los paraísos fiscales. Definidos como aquellos territorios o Estados en donde se aplica un régimen tributario que es muy benéfico para quienes allí se domicilian legalmente, se han convertido en una fuente importante de entrada y salida de recursos hacia y desde el país.

De tal manera, tanto inversiones extranjeras cuantiosas como el pago de dividendos, el giro de préstamos y hasta operaciones de comercio exterior, han venido transitando de forma creciente por puntos de la geografía mundial que a primera vista pasarían desapercibidos.

Esas corrientes no deberían levantar suspicacias, si no fuera por el hecho de que sirven para evadir el pago de impuestos. Tales prácticas no tienen solamente que ver con evitar ciertos gravámenes como los de renta o patrimonio, sino con esconder los verdaderos propietarios de diversos activos. Por ejemplo, en muchos sitios se permite la constitución de sociedades que emiten acciones al portador, ante lo cual es imposible saber quién es el dueño de qué.

La preocupación con respecto a la utilización de diferentes mecanismos y vehículos para hacerle el quite al fisco no es exclusiva de Colombia. En los más variados escenarios internacionales –y especialmente después de la crisis del 2008– se han impulsado decisiones con el fin de cerrarles el espacio a aquellos lugares que se hacen los de la vista gorda ante determinadas prácticas o se abstienen de hacer preguntas respecto al origen de determinados recursos.

Por cuenta de esa situación, hay un convenio multilateral que permite el intercambio de información tributaria entre sus signatarios, mientras que la Ocde le ha prestado más atención al tema. De hecho, en las cumbres del Grupo de los Veinte se ha hablado repetidamente de tomar acciones más decididas contra este flagelo, e incluso poner en cintura a quien se comporte de manera particularmente díscola.

Lo usual es que los países establezcan categorías a la hora de tratar inversiones o giros que lleguen de una nación en donde no existan esquemas especiales y otros en donde sí se presenten. Básicamente, en eso consiste el decreto expedido hace un par de días. Este define 44 territorios como paraísos fiscales, lo cual implica que todos los pagos están sometidos a una retención en la fuente del 33 por ciento y a que estos no puedan declararse como un costo o puedan ser usados para deducirlos del impuesto de renta. De la misma manera, cualquier operación que se haga estará sometida al régimen de precios de transferencia, que evita que ciertos bienes o servicios se declaren por debajo de su verdadero valor.

Aunque la determinación tiene escasos cuatro artículos, su impacto debería ser significativo. Por una parte, cierra una vena rota y, por otra, induce a que las transacciones se hagan con Estados con los cuales se puede intercambiar información tributaria. Es verdad que todavía siete naciones o territorios mantienen el tratamiento de siempre, pero el estatus depende de que se avance en acuerdos como el que recientemente firmaron Colombia y Curazao.

En esta última categoría se encuentra Panamá, cuya ausencia de la lista generó las críticas más fuertes a la medida. No obstante, en el caso de la nación vecina, pesaron consideraciones especiales que deberían conducir a un entendimiento entre ambos gobiernos, tales como los que tiene el istmo con Estados Unidos, Francia o Ecuador.

En tal sentido, hay que entender el paso dado como el primero de muchos. Al fin de cuentas, hace diez años se había abierto la posibilidad de hacer algo en este frente, pero las presiones internas y externas les impidieron a los gobiernos de turno avanzar. Ahora, en cambio, comienza un nuevo capítulo que a más de uno les acabará cerrando las puertas del paraíso, por lo menos en materia tributaria.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

Twitter: @ravilapinto

 

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