Ricardo Ávila

No es tiempo de llorar aún

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
agosto 01 de 2014
2014-08-01 02:36 a.m.
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A primera vista, no debería haber dudas sobre si Argentina entró en una cesación de pagos ante sus acreedores, después de que le fuera imposible hacer un giro de 539 millones de dólares destinados a los tenedores de sus bonos, que tiene congelados por orden judicial en un banco de Nueva York. Desde el punto de vista más estricto, la nación austral no respetó los plazos fijados y entró en situación de moratoria en sus obligaciones internacionales por octava vez en su historia.

Pero otra cosa es lo que piensan en Buenos Aires. Según lo ha expresado la propia Cristina Fernández de Kirchner, es equivocado hablar de un incumplimiento porque la plata está lista para ser transferida, que es muy diferente a que no exista. De manera más coloquial, su ministro de Hacienda, Axel Kicillof, señaló que hablar de default (el término que en inglés define la situación) es una “pavada atómica”.

La discusión, que tiene mucho de bizantina, podría dar origen a nuevos procesos legales y prolongarse durante meses, a menos que las partes en conflicto se pongan de acuerdo pronto. Como es conocido, la crisis actual tiene que ver con la actitud de un grupo minoritario de inversionistas que poseen una fracción de los títulos de deuda argentina que fueron reestructurados hace unos años. En lugar de aceptar una tercera parte del valor nominal de las acreencias –como sí lo hizo el 93 por ciento de los tenedores–, estos exigen la totalidad de la suma con argumentos que fueron aceptados por una corte neoyorquina.

La líder de la estrategia es una compañía estadounidense que se especializa en este tipo de operaciones de alto riesgo e inmensa rentabilidad. Ello explica el nombre de fondos ‘buitre’ que describe a quienes quieren hacer leña con el árbol caído, así se lleven el bosque por delante.

Aunque la cantidad solicitada no es despreciable –1.500 millones de dólares–, podría ser pagada por la que es todavía la tercera economía más grande de América Latina. El lío es que existe una cláusula que vence en diciembre, según la cual nadie puede recibir un mejor tratamiento que quienes sufrieron inicialmente el recorte. Por tal motivo, todos deben ser medidos con la misma vara, lo cual implicaría que Argentina tendría que cancelar un monto tan alto, si aceptara las pretensiones de los buitres, que sencillamente se quebraría.

Por lo tanto, el tire y afloje continuará, mientras llegan ideas sobre cómo solucionar el impasse. Una de ellas es que otra entidad compre a los demandantes los bonos que tienen y suspenda el proceso, con lo cual las cosas podrían volver a la normalidad eventualmente. Ello implicaría algún tipo de acuerdo con el Gobierno de Fernández, que podría hacerse efectivo en enero, cuando la regla de tratamiento igualitario ya no aplique.

En el otro extremo está la posibilidad de que no haya humo blanco. Eso quiere decir que los argentinos, que habían tratado de volver a los mercados financieros globales, queden otra vez como una especie de parias. Aunque el cierre de las puertas del crédito seguramente les afectará las posibilidades de crecimiento, difícilmente se podrá hablar de un cataclismo regional. De hecho, el golpe de la cesación de pagos de hace 13 años fue mucho más fuerte y pudo ser absorbido con el paso de los meses.

Este último escenario es el que le sube las probabilidades a que se llegue a un entendimiento, pues aquí tiene toda validez el refrán según el cual ‘un mal arreglo es preferible a un buen pleito’. En el entretanto, Fernández ha encontrado una oportunidad para recomponer su imagen ante la opinión de su país, al presentarse como alguien que busca defender la soberanía albiceleste ante las pretensiones del capitalismo salvaje. Incluso si la alta inflación y la escasez de divisas, que tantas críticas le generó en el pasado, siguen, ya tiene a quien echarle la culpa. Por eso es que no es tiempo todavía de llorar por Argentina.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

Twitter: @ravilapinto


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