Ricardo Ávila
Editorial

Lo que mal empieza...

La investigación de la Contraloría sobre Reficar confirma que hay costos que son cuestionables, pero la corrupción no aparece

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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POR:
Ricardo Ávila
diciembre 08 de 2016
2016-12-08 05:00 p.m.
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Cuando a comienzos del año la Contraloría General encendió las alarmas sobre el costo de la construcción de Reficar, las reacciones vinieron de inmediato. De acuerdo con los hallazgos del ente oficial, los gastos de capital del proyecto industrial más ambicioso en la historia de Colombia se habían duplicado frente a la cifra mencionada en el 2012, superando 8.000 millones de dólares.

Ante la noticia, la reacción del público fue de incredulidad y rabia. De un día para otro, el complejo de refinación quedó inscrito como uno de los grandes escándalos en la historia del país, pues la creencia generalizada era que la principal causa de la cuenta por pagar había sido la corrupción. Lo más común es encontrar personas que afirman que en la iniciativa se robaron más de 4.000 millones de dólares.

Ahora, los interesados en el tema cuentan con un reporte más detallado que ayuda a entender lo sucedido. El informe de más de 230 páginas de longitud que dio a conocer la Contraloría el miércoles constituye el aporte más sustantivo que existe a un debate que ojalá atraiga a académicos y analistas de todo tipo, con el fin de que las lecciones aprendidas eviten que errores como los cometidos se puedan volver a presentar.

De acuerdo con la investigación, existe un daño fiscal de 2.879 millones de dólares –equivalentes a 8,5 billones de pesos–, una suma que supera el recaudo adicional que generaría en su primer año la reforma tributaria que está siendo debatida en el Congreso. Con respecto a la cifra mencionada, 32 por ciento –943 millones de dólares– corresponde a “posibles irregularidades en contratación”, y el resto es atribuible al lucro cesante que nace del atraso de varios años frente al cronograma original.

Que habría mucha tela por cortar, era algo que se insinuaba desde hace meses. De hecho, hay en marcha un proceso de arbitramento internacional en compra de CB&I, la firma estadounidense que era la encargada de todo el proceso. Es de esperar que cuando se produzca la determinación final, se pueda recuperar una suma importante, pues en más de un caso es evidente el desgreño o el cobro de servicios que superan toda la lógica.

Hay en marcha un proceso en contra de CB&I, la firma estadounidense responsable del proceso, cuyos excesos son claros.

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Sin embargo, más de un lector del estudio se sentirá desilusionado porque no hay evidencias de venalidad concluyentes, al menos en lo que se refiere a pagos recibidos por funcionario alguno. Aquí lo que está en entredicho es la capacidad gerencial de una firma privada que pudo llegar a pasar cuentas injustificables, sin que necesariamente hubiera plata por debajo de la mesa.

En consecuencia, lo que hay que cuestionar es la decisión original del 2005, de embarcarse en un proyecto de semejante envergadura sin contar con la ingeniería detallada desde un principio. Igual de criticable es la salida en el 2009 del socio extranjero, que en un primer momento tenía la responsabilidad del emprendimiento y que en su retirada no solo recuperó la mayoría de su dinero, sino que dejó como herencia un contrato amarrado que establecía el reembolso de lo que gastara CB&I.

Siempre es fácil detenerse en el punto de que el alquiler de unos baños portátiles superó con creces la lógica, o que en andamios se tuvieron erogaciones exageradas. Y aunque es válido cuestionar cada peso, aquí lo que queda claro es que lo que comenzó mal, salió mal. Arrancar el camino a ciegas degeneró, para citar un caso, en el uso de más de 2,3 millones de horas de ingeniería adicionales por valor de 364 millones de dólares.

Ahora, lo que corresponde es que Reficar haga valer sus argumentos para que consiga los reintegros solicitados y así pueda mejorar una tasa interna de retorno que está muy por debajo de la que se pensaba. No menos importante es solucionar las dificultades operativas que parecen persistir, a ver si el tiempo prueba que, tras hacer sumas y restas, la refinería no resultó ser tan mal negocio. Pero eso todavía está por verse.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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