Ricardo Ávila
Editorial

Lo que sube como palma...

El nuevo récord histórico alcanzado en Wall Street dio pie a la euforia, pero más de uno aconseja el camino de la prudencia.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
enero 26 de 2017
2017-01-25 08:05 p.m.
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Se trata apenas de un número, pero las cámaras se apresuraron a capturar ayer las caras de júbilo en Wall Street cuando el índice Dow Jones superó, por primera vez, la barrera simbólica de los 20.000 puntos. Creado en 1896, el indicador mide el precio promedio de 30 de las acciones más representativas, las cuales incluyen hoy a compañías como Goldman Sachs, Boeing, Apple o IBM.

El repunte es particularmente llamativo porque coincide con la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. Desde la victoria del recién posesionado mandatario, la mejora ha sido de 9,5 por ciento, un incremento significativo en algo más de un mes y medio.

El motivo del optimismo que contagia a la bolsa neoyorquina es la impresión de los inversionistas sobre el efecto positivo que tendrá la política económica de la Casa Blanca en los balances de diferentes empresas. El sector financiero, por ejemplo, se beneficiaría de un desmonte de regulaciones que le impiden hacer determinados negocios. En lo que atañe a la industria, las medidas proteccionistas que se anuncian le darían una mano a los que tienen plantas en territorio estadounidense y pueden abastecer el mercado interno.

Adicionalmente, el entusiasmo es notorio frente a la intención de rebajar los impuestos corporativos y personales. En un país en el cual el consumo es el gran motor de la actividad, disminuir la carga tributaria se traduciría en un alza en el ingreso disponible para millones de familias.

Para completar el panorama, vendrían programas de gasto público que crearían una especie de círculo virtuoso de más empleo y mayor demanda.

No hay duda de que a los mexicanos les cae muy mal la firma de la orden ejecutiva, que allana el camino para que se construya un muro en la frontera que tienen con su vecino del norte. La posibilidad de que el tratado de libre comercio que permitió elevar las exportaciones de manera exponencial al mercado norteamericano sea revisado o se disuelva, tiene en ascuas a la opinión.

Sobre el papel, el plan económico de Donald Trump hace sentido. Aun así,
los riesgos de que las cosas salgan
mal, no son pocos.

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En contraste, la cercanía de un proyecto de construcción cuyo costo se acerca a los 50.000 millones de dólares, es una buena noticia para las empresas que en Estados Unidos proveerían los materiales para la obra.

Ante tanta euforia, más vale mirar la situación con algo de cabeza fría. En medio del entusiasmo, hay voces que llaman a la cautela y señalan que la ola alcista actual no se encuentra bien cimentada. Tal como ocurre en estas circunstancias, no faltan los que anticipan una destorcida.

Los pesimistas basan sus cálculos en la falta de consistencia de una política llena de riesgos. Para comenzar, está el peligro que nace del fortalecimiento del dólar. Un billete verde más costoso eleva la probabilidad de que aquellos gobiernos y compañías que se endeudaron en divisas cuando la liquidez era la norma y las tasas de interés estaban bajas, se encuentren en problemas a la hora de pagar sus obligaciones.

A lo anterior hay que agregar la pérdida de competitividad relativa de las exportaciones estadounidenses. Eso sin entrar en la especulación de una guerra comercial que solo dejaría perdedores, como lo recordó el presidente chino Xi Jinping la semana pasada.
Por otra parte, es posible que el déficit fiscal del gobierno federal en Washington se dispare.

La razón es que menores tasas de tributación golpearían los recaudos de manera inmediata, mientras que el efecto de los planes de desarrollo de la infraestructura se demoraría un tiempo más largo. Un saldo en rojo explosivo haría más onerosa la deuda pública norteamericana, impulsaría la inflación y llevaría al Banco de la Reserva Federal a aplicar los frenos.

Aunque se trata de un escenario extremo, más de un académico lo considera factible. Por tal motivo, es indispensable señalar que lo que se impone en estos casos es la cautela, la misma que recuerda que lo que sube como palma, cae como coco.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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