Ricardo Ávila

La locomotora china

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
diciembre 20 de 2011
2011-12-20 02:13 a.m.
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A lo largo de los últimos meses, las cábalas que se hacen en torno a la marcha de la economía mundial se concentran en lo que pueda ocurrir con la Unión Europea.

Dada la gravedad de la crisis de la deuda que enfrenta el Viejo Continente, la inquietud de los analistas es que si no se consigue contener la avalancha y alguna nación del área incumple con sus obligaciones, los efectos de un terremoto financiero se sentirían en todos los confines del globo.

En el escenario catastrófico, podría tener lugar una recesión más fuerte que la del 2009, al tiempo que la capacidad de recuperación de un buen número de bancos de primera línea quedaría en entredicho.

No obstante, ese no el único tema que merece una mirada atenta. Y es que aún si los europeos logran encontrar una salida, hay otras regiones a las que se les debe hacer seguimiento.

En el caso de América Latina, la salud de China también merece ser auscultada de tiempo en tiempo.

Las razones son obvias. Para comenzar, se trata del país más populoso de La Tierra, con 1.338 millones de habitantes, que equivalen a más de una quinta parte del total. Aparte de ello, su pujanza económica es innegable, como lo demuestra un Producto Interno Bruto que el año pasado llegó a 5,8 billones de dólares, apenas por debajo del de Estados Unidos.

El haber alcanzado dicha posición es el resultado de una tasa de crecimiento promedio anual del 9,7 por ciento desde 1978, época en la cual se adoptó un modelo de economía de mercado, si bien los hilos del poder político siguen manejados por el Partido Comunista.

La transformación ha sido de tal magnitud, que la tasa de pobreza se desplomó. Según el Banco Mundial, dicho indicador pasó del 65 al 4 por ciento entre 1981 y el 2007, con lo cual la clase media es superior en tamaño a la estadounidense y debería llegar a 500 millones de personas antes de finalizar la década actual.

Al tiempo que eso ha ocurrido, el Gobierno de Pekín ha promovido ambiciosos proyectos de infraestructura, apoyando la industrialización y el traslado de millones de trabajadores a las ciudades, para los cuales se han construido cientos de miles de viviendas.

Como consecuencia de lo sucedido, el apetito de los chinos por diversos productos básicos ha tenido un importante auge, ya sea que se trate de alimentos, insumos energéticos o minerales como el hierro o el carbón. Ese factor ha influenciado a su vez las cotizaciones de dichos bienes en los mercados internacionales, en beneficio de naciones que tienen riquezas naturales, como las latinoamericanas.

Aparte de ello, el país asiático es un comprador clave, pues es el principal destino de las exportaciones de Brasil y Chile, en tanto que para Perú, Venezuela o Costa Rica es el número dos.

Ese es el puesto que ocupa en el caso de Colombia, en donde el efecto es general y particular al mismo tiempo.

De un lado, la buena salud de China es fundamental para mantener altos los precios del petróleo en el mundo, mientras que con el paso de los años las ventas al otro lado del Pacífico son cada vez más relevantes.

Entre enero y septiembre pasados, por ejemplo, lo facturado por los exportadores colombianos a los chinos ascendió a 1.666 millones de dólares, 23 por ciento más que en el 2010.

Ante esa situación, hay que tomar nota de los síntomas de desaceleración que experimenta la economía oriental. Los datos más recientes muestran que la producción industrial acusa una ligera contracción y que el ritmo del comercio exterior es más lento.

Al mismo tiempo, hay reportes de que los precios de la finca raíz han descendido fuertemente.

Tales señales son inquietantes, aunque todavía es muy temprano para hacer sonar las alarmas.

De nuevo, la esperanza es que los líderes chinos sean capaces de aplicar las políticas necesarias para que una locomotora que ha avanzado a gran velocidad, siga su buena marcha.

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