Ricardo Ávila

En contra de toda lógica

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
octubre 15 de 2013
2013-10-15 12:37 a.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/09/56ba4e7b94041.png

A finales de septiembre, la posibilidad se veía todavía lejana. Al fin de cuentas, parecía poco probable que aún en un ambiente tan polarizado como el de Estados Unidos no acabara primando la sensatez, y los temores de los más pesimistas se concretaran. Sin embargo, con el correr de los días, los observadores empezaron a registrar que la fecha del 17 de octubre se encontraba cada vez más cerca.

Y es que el jueves próximo llegará el momento en el cual Washington no podrá emitir más deuda pública, pues no tiene la potestad para sobrepasar un límite impuesto por el Congreso, cuya extensión normalmente es un asunto de menor categoría. En el peor escenario, el Tesoro norteamericano se quedará sin recursos para pagarles a quienes hayan comprado sus bonos y los quieran redimir.

El impacto no será inmediato, pues técnicamente hay dinero suficiente en caja a la hora de cumplir con las obligaciones que se venzan, casi hasta terminar el mes.

No obstante, en ese entonces el daño sería irreversible. Cuando eso suceda, el mayor emisor de títulos del mundo entrará en una situación de moratoria que no tiene precedentes similares.

Es verdad que en 1933, Alemania –poco después de ser controlada por los nazis– hizo algo similar cuando decidió no cancelar las acreencias que se le impusieron después de la Primera Guerra. Más recientemente, Grecia o Argentina también les han quedado mal a los inversionistas.

Pero ninguna de esas determinaciones se compara con las consecuencias que podría acarrear el que una nación que ha sido descrita como la más segura de todas, rompa con el principio más elemental de todos: pagar cuando le toca.

En ese caso, las tasas de interés globales subirían y comenzaría una espiral de desconfianza que se sentiría en todas las latitudes. Con razón quienes saben de estas cosas afirman que los efectos serían mucho más graves que los de la gran recesión del 2008.

El haber llegado a este punto es un resultado más de la aguda disputa que existe entre el Partido Demócrata, que controla el Senado y la Casa Blanca, y el Partido Republicano, que cuenta con la mayoría en la Cámara de Representantes.

La situación no es nueva, pero a medida que pasa el tiempo la animosidad entre las dos bancadas es mayor. Una prueba de ello es la incapacidad de ponerse de acuerdo en torno al presupuesto federal, que debería haber comenzado a operar el primero de octubre.

Ante la incapacidad de conseguir un consenso, el Gobierno estadounidense se encuentra semiparalizado, con más de 300.000 mil empleados en licencia no remunerada y algo más de un millón que deben seguir trabajando, pero sin recibir sueldo.

En la presente oportunidad la piedra de la discordia fue un intento de la oposición por bloquear la operatividad de la reforma de salud, que constituye el mayor triunfo legislativo de Barack Obama. Sin entrar en los detalles, lo cierto es que los republicanos han tratado de cortarle las alas a la iniciativa, ante lo cual se reeditó aquella ley de Newton según la cual a una acción le sucede una reacción de igual magnitud, pero en sentido contrario. La jugada fue audaz, pero con el correr de los días las encuestas muestran que los ciudadanos no estuvieron de acuerdo con ellos.

Es por eso que en los últimos días se han tendido algunas ramas de olivo, pero ahora la mayoría gubernamental quiere aprovechar la debilidad del contrario para anotarse triunfos de última hora. El problema es que mientras el tire y afloje sigue, el tiempo corre.

Ayer los mercados cerraron al alza ante la expectativa de que podría encontrarse una salida que seguramente no dejará satisfechos a los radicales de uno y otro lado, pero que servirá para que la luz de emergencia sea apagada. Hasta una próxima oportunidad, claro. Porque el drama ocasionado por la polarización en Estados Unidos sigue su curso.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado