Ricardo Ávila
Editorial

Los retos no terminan

El ambicioso plan de desarrollo de la infraestructura va en marcha, pero el desafío es asegurar que ahora las cosas se hagan bien.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
noviembre 22 de 2016
2016-11-22 09:14 p.m.
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Cuando se miran las posibilidades de que la economía colombiana aumente su velocidad en un plazo relativamente corto, hay un sector que salta a la vista: el de la infraestructura. Los planes anunciados hablan de un esfuerzo que no tiene precedentes en la historia, pues se trata de invertir el equivalente de 40 billones de pesos de hoy entre 2016 y 2024, aumentando en dos veces y media el ritmo anual visto en la primera parte de este siglo.

Sin embargo, más de un ciudadano considera que aquí los anuncios superan con creces a las realizaciones. A fin de cuentas, desde la primera administración de Juan Manuel Santos se viene hablando de una locomotora que muchos se sentaron a esperar y que se demoró en arrancar más de lo previsto inicialmente.

Afortunadamente, los reportes más recientes sugieren que la máquina por fin está ganando velocidad de forma continua. Así lo atestigua el cierre financiero de buena parte de los proyectos viales que componen las autopistas de cuarta generación, con compromisos de desembolso en firme por 11 billones de pesos. Debido a ello, en diversos puntos cardenales se han multiplicado los frentes de obra, aunque es posible que su impacto solo se vea en las cuentas del 2017.

No hay sombra de escándalo en lo ya adjudicado, algo que contrasta con
la realidad que se ve tanto a nivel local como regional.

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Ese es apenas uno de los temas a los cuales se les pasará revista a partir de hoy en Cartagena, cuando comienza la reunión anual del gremio cuyos afiliados se dedican a las obras civiles. El tamaño de la muestra comercial y los miles de inscritos al evento son prueba del auge de un segmento cuyo futuro es inmenso.

La razón es que los más diversos estudios muestran que será necesario el esfuerzo de varias generaciones de colombianos para romper los cuellos de botella que impiden la adecuada conectividad. En materia urbana, son pocas las ciudades que cuentan con las herramientas para responder a los desafíos de la movilidad. Por otro lado, el pobre estado de la red secundaria y terciaria obligará a comprometer recursos muy cuantiosos, indispensables para superar la pobreza presente en el campo.

Aun así, la actividad enfrenta desafíos importantes en el corto plazo. El más obvio es garantizar que todas las iniciativas adjudicadas se lleven a cabo dentro de los cronogramas establecidos. Para que eso ocurra, asuntos como el licenciamiento ambiental o las consultas populares deben adelantarse sin tropiezos.

Igual de importante es que se consigan los recursos de crédito totales, algo que se ha vuelto más complejo a la luz de la incertidumbre internacional y de los propios interrogantes internos. No menos importante es que el sector privado haga lo que le corresponde y puedan resolverse imprevistos como los que afectan al ferrocarril del Pacífico, o el desarrollo de la navegabilidad por el río Magdalena.

Especialmente crítico es que se adelante aquello que se conoce como la gestión contractual, que no es otra cosa que la administración de la etapa de ejecución de los trabajos. Ello exige no solo que los consorcios del caso hagan las cosas bien, sino que las autoridades cuenten con los instrumentos para supervisar cómo van las cosas y tengan un sistema de alertas tempranas que les permitan reaccionar a tiempo. Solo así se pueden evitar sorpresas desagradables que lleven a demoras y sobrecostos, algo que en el país ha sido más la norma que la excepción en el pasado.

Lo anterior no desconoce que el trabajo realizado hasta ahora es de una gran calidad. La prueba es que no hay sombra de escándalo en lo ya adjudicado, lo cual contrasta con la realidad a nivel regional y local, en donde los trabajos se asignan a dedo y la corrupción asoma sus orejas. Debido a ello, vale la pena edificar sobre lo hecho e insistir en que la mejoría de las reglas de juego es algo que conviene a todos. Solo así, Colombia podrá pensar que en un lapso razonable disfrutará de la infraestructura que siempre ha soñado.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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