Ricardo Ávila

Una lucha que hay que dar

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
mayo 05 de 2013
2013-05-05 09:01 p.m.
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No deja de ser sorprendente que un país que tiene inmortalizado el contrabando en El Almirante Padilla, un vallenato de Rafael Escalona, que tiene más de medio siglo, tenga tan pocas herramientas para luchar contra un delito que se tasa en los miles de millones de dólares.

Pero a dicha conclusión han llegado tanto los observadores externos, como un buen número de representantes de los gremios y el sector público, cuyas recomendaciones sobre este flagelo llegaron al Consejo Superior de Comercio Exterior a comienzos de abril pasado.

Tras debatir el tema, se decidió que uno de los pasos a seguir era presentar un proyecto de ley, que fue radicado en el Capitolio el jueves pasado.

Aunque dados los tiempos del Congreso es imposible que la iniciativa salga adelante en la presente legislatura, es de esperar que empiece su tránsito con el fin de que sea aprobada antes de que termine el 2013.

La necesidad de que algo pase en este frente es evidente. Las encuestas que hace la Andi entre sus afiliados identifican a la competencia desleal como uno de los principales obstáculos que tiene la industria.

De manera paralela, los departamentos argumentan que la evasión de impuestos al consumo de licores y cigarrillos les cuesta más de un billón de pesos anuales.

No menos relevante es el ingreso de gasolina proveniente de Venezuela y Ecuador, que ha disparado la economía ilegal en zonas de frontera y que nutre las finanzas de diversos grupos armados.

A todo lo anterior hay que sumar los dolores de cabeza de los agricultores, por cuenta de la llegada de alimentos subsidiados de los países vecinos.

Por supuesto que la lista no acaba ahí, pues las modalidades son múltiples. En todos los casos, los costos se miden en empleos perdidos, ingresos fiscales que no llegan y organizaciones criminales que ponen en peligro la estabilidad institucional de diferentes zonas del país, con vínculos con el narcotráfico y la venta de armas.

Los principales sistemas incluyen el aprovechamiento en diferencial de tasa de cambio o de subsidios, al igual que la subfacturación de importaciones, la declaración de origen falsa para aprovechar tratados de libre comercio, el favorecimiento de conductas perseguidas y, obviamente, el contrabando abierto.

Este último comprende términos como ‘hormigueo’ o ‘pitufeo’ (camuflaje de productos en muchas personas), ‘pampeo’ (usar vías ilegales de acceso en las fronteras), ‘gemeleo’ (una misma declaración para diferentes cargamentos), entre otros.

En contraste con esa realidad, la falta de herramientas estatales es apabullante. Hay poca articulación institucional que se nota en la falta de fiscales y jueces especializados.

A esto hay que agregar la ausencia de escáneres, laboratorios, capacidad de inteligencia o de personal debidamente entrenado en la Dian.

Por otra parte, hay delitos tipificados y otros no, aparte de penas insuficientes o inadecuadas. Pero incluso en los que lo están, su aplicación deja mucho que desear. Por tal motivo, la exposición de motivos del proyecto de ley señala que “los casos de contrabando, defraudación aduanera y evasión fiscal relacionada con el contrabando, están creciendo sistemáticamente”.

En respuesta, la intención de la propuesta en manos del Congreso es expedir un conjunto de normas que tratan múltiples aspectos que van desde artículos del Código Penal, hasta reformas institucionales indispensables.

De particular importancia es la atribución de funciones para la Unidad de Información y Análisis Financiero, lo mismo que el fortalecimiento del control aduanero. Igual de trascendentales son propuestas como establecer sistemas de trazabilidad de productos y movimientos financieros, así como el levantamiento del velo societario para estos fines.

La iniciativa es ambiciosa.

Y aunque los desafíos son inmensos ante la prevalencia de una cultura que no ve con malos ojos este tipo de ilegalidad, hay que comenzar cuanto antes, para preservar la producción nacional y los ingresos fiscales. En resumen, es preferible que el contrabando forme parte de algunas canciones y no de la realidad diaria, como ocurre ahora.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

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