Ricardo Ávila
Editorial

Una tendencia preocupante

Las épocas de auge para la región quedaron atrás y ahora la norma es la recesión, cuyo coletazo se siente en múltiples formas.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
marzo 27 de 2016
2016-03-27 10:31 p.m.
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Hasta cuando llegó la destorcida en los precios de las materias primas, el transcurrir del siglo XXI había sido muy positivo para América Latina.

Aparte de las cifras de crecimiento económico por encima del promedio histórico, la región experimentó un importante avance en materia social que beneficio a millones de sus habitantes.

El indicador más elocuente es el de las tasas de pobreza. De acuerdo con la Cepal, en el 2002 la proporción de latinoamericanos que no tenían un ingreso suficiente para disfrutar de una vida digna ascendía al 44 por ciento del total.

Diez años más tarde, dicho indicador había bajado al 28 por ciento, con lo cual la posibilidad de llegar a niveles parecidos a los de naciones más prósperas empezó a verse cercana.

No obstante, esos sueños han quedado pospuestos indefinidamente. La razón es que las épocas de auge quedaron atrás y ahora la norma es la recesión, cuyo coletazo se siente en múltiples formas. Una de las maneras de manifestarse es un alza en el desempleo, que afecta a millones de familias que empiezan a dar marcha atrás en medio de la que podría calificarse como ‘una tendencia preocupante’.

Los datos de la Cepal son elocuentes. Según los estimativos preliminares del organismo adscrito a las Naciones Unidas, la incidencia de la pobreza habría subido al 29,2 por ciento el año pasado. En números gruesos, 175 millones de latinoamericanos se encuentran en esta condición, 11 millones más que en el 2012.

No menos inquietante es la pobreza extrema –quienes no reciben lo suficiente para cubrir sus necesidades mínimas de alimentación o vivienda–, que representa una porción mayor del total. En cifras gruesas, uno de cada 12 ciudadanos en esta parte del mundo pasa hambre o habita en un lugar inadecuado, para no hablar de las dificultades que encuentra a la hora de acceder a la salud o a la educación.

Ante lo sucedido, la duda es lo que puede pasar en el futuro cercano. Las proyecciones de la región para el 2016 muestran que otra vez el Producto Interno Bruto se contraerá, haciendo más agudas las dificultades en materia laboral o de sostenibilidad de ciertos programas clave.

Este punto es fundamental porque durante la época de holgura, en los presupuestos públicos se pusieron en marcha programas para apoyar a los sectores más vulnerables, como los infantes o los ancianos. Un caso concreto es el de Familias en Acción en Colombia, que entrega subsidios a cambio de que los niños asistan a una institución de enseñanza.

En conclusión, hay un peligro doble. De un lado, la desocupación sube, y del otro, la realidad de las finanzas públicas en múltiples países del área hace imposible meterle más dinero a estrategias que sirvan para mitigar la desaceleración.

Los riesgos son especialmente grandes en las economías más vulnerables. Brasil ya muestra síntomas que auguran más problemas, mientras que en Venezuela hay un deterioro evidente. Y las luces de alerta se vienen encendiendo en múltiples lugares de la geografía latinoamericana.

Aunque siempre se puede citar aquel refrán que recuerda que el mal de muchos sirve de consuelo a los tontos, Colombia parece ir en contravía de la región. El reporte más reciente muestra que la pobreza bajó en el 2015 y ahora estamos por debajo de la norma.

Lamentablemente, cualquier satisfacción a ese respecto puede ser efímera. Y es que aquí como en las naciones vecinas, el mercado laboral se ha debilitado, mientras la estrechez fiscal es la norma. Si nos mantenemos donde estamos podremos darnos por bien servidos.

Ricardo Ávila Pinto, Director Portafolio
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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