Ricardo Ávila

El lunar más oscuro

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
diciembre 23 de 2014
2014-12-23 01:55 a.m.
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Son muchas las cosas que hay que lamentar al cierre de un año en el cual abundaron –tal como es usual en la realidad colombiana– las luces y sombras. Pero es difícil controvertir que haya existido algo más deplorable que la situación de la justicia, que el viernes pasado completó 72 días de paro.

Como es sabido, este empató con las vacaciones colectivas de la rama, establecidas hasta el próximo 13 de enero.

Los daños inmediatos ocasionados por el cese de actividades empiezan a ser evaluados. Según las autoridades, 42 por ciento de las investigaciones judiciales en curso se vieron afectadas. Ante la protesta simultánea de los sindicatos del Inpec, que se negaron a recibir más reclusos en las cárceles a su cuidado, las estaciones de Policía acabaron albergando unos 3.500 detenidos, de los cuales cerca de 1.600 tienen condenas y deberían estar en una prisión. Como si eso fuera poco, 108 sindicados de crímenes graves fueron dejados en libertad por vencimiento de términos.

Más inquietante, sin duda, es el impacto de mediano y largo plazo. Este se mide en la pérdida de legitimidad de uno de los tres poderes públicos que ahora tiene el dudoso honor de recibir una calificación más negativa que el Congreso o los partidos políticos. De acuerdo con el Gallup Poll más reciente, la opinión desfavorable de los colombianos frente al sistema judicial es del 83 por ciento.

El deterioro no es nuevo, si bien se ha acelerado. El motivo central es que la reciente parálisis es la tercera que ocurre en algo más de un lustro. En el 2008 la actividad se detuvo durante 33 días, mientras que hace un par de años llegó a las seis semanas. En la presente oportunidad es difícil hacer el cierre, pues los dirigentes de Asonal han señalado que sus peticiones no han sido respondidas, lo cual implica que el paro podría prolongarse hasta bien entrado enero o más allá.

Es cierto que no en todas partes este funciona con igual intensidad. Mientras que en Antioquia y partes del Eje Cafetero, los despachos permanecen abiertos, en capitales como Bogotá o Tunja, la norma es diferente. Incluso quienes han querido asistir a sus oficinas no han podido hacerlo, salvo en aquellas ocasiones en las que la fuerza pública ha desalojado a los manifestantes.

Todo esto pasa a pesar de que la Corte Constitucional haya conceptuado en un par de ocasiones que la Carta Política de 1991 prohíbe el cese de actividades en las áreas que se pueden calificar como un servicio público básico. En épocas anteriores, el Ejecutivo tenía la facultad de decretar la ilegalidad de una huelga y aplicar la táctica de la zanahoria y el garrote, con miras a lograr soluciones rápidas.

Sin embargo, desde cuando la responsable de dicha calificación pasó a ser –por irónico que parezca– la rama judicial en el 2006, el instrumento perdió toda la efectividad. Para colmo de males, el Consejo Superior de la Judicatura podría hacer uso de su función disciplinaria y castigar con el no pago de sus salarios a los funcionarios más recalcitrantes, pero no lo ha hecho. Tan solo la Fiscalía hizo lo que le correspondía.

Con semejantes antecedentes, las perspectivas son muy oscuras. Siempre es posible llegar a un arreglo, aunque este saldría muy costoso, pues consistiría en aceptar una bonificación como factor salarial o vincular permanentemente a 10.000 trabajadores que tienen categoría de temporales y fueron convocados para descongestionar los juzgados.

El problema es que en las circunstancias actuales, el palo no está para cucharas. Aparte de la estrechez en las cuentas públicas, todavía el Ministerio de Hacienda está girando los 1,2 billones de pesos que costó la parálisis previa, sin que evidentemente haya mejorado la productividad. Aunque el Gobierno haría algunas concesiones, los líderes de Asonal siguen duros y el país, sin justicia. Y después los académicos se preguntan ‘¿por qué fracasan las naciones?’...

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto

 

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