Ricardo Ávila

La luz que brilla

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
mayo 04 de 2015
2015-05-04 12:38 a.m.
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Es la única luz que brilla. Mientras el 2015 pasa y aumentan las señales con respecto a una desaceleración de la economía, el empleo se comporta como si no hubiera pasado nada, un elemento que permite abrigar esperanzas sobre la fortaleza de la demanda interna.

Así lo confirmó el Dane el jueves pasado, cuando dio a conocer los resultados más recientes del mercado laboral. Según la entidad, la desocupación a nivel nacional llegó al 8,9 por ciento en marzo, mientras que en las 13 áreas metropolitanas más grandes bajó al 10,1 por ciento. En los casos, se trata de las tasas más bajas, desde cuando se comenzaron a llevar conteos mensuales a principios del siglo.

Resulta fácil mostrar escepticismo frente a ambos datos. Las encuestas muestran no solo que la gente considera que el acceso a un trabajo decente es más difícil que antes, sino que hay desconfianza con respecto a las estadísticas oficiales. Sin embargo, técnicos y académicos validan la seriedad con que se obtienen los guarismos mencionados y afirman que son una herramienta fundamental para entender qué está pasando.

En consecuencia, vale la pena mirar en qué ramos se están generando las 854.000 plazas adicionales, que llevaron la población empleada a 21,6 millones de personas a finales de marzo. El aumento del 4,1 por ciento permitió no solo absorber una mayor oferta, sino reducir el total de desocupados a 2,1 millones de individuos.

La mayor dinámica en contrataciones la tuvo el segmento de construcción, seguido por actividades inmobiliarias, industria y agricultura.

En contraste, la caída más notoria se vio en explotación de minas y canteras, en donde el número de ocupados se desplomó en cerca del 40 por ciento.

Tales movimientos tienen relación con la realidad. La apuesta más grande, en términos de inversión pública, se concentra en infraestructura y vivienda. De manera complementaria, el alza en la tasa de cambio ha servido para devolverle competitividad a los renglones manufactureros y a la producción en el campo. Aunque algunas tendencias no se han consolidado, hay un giro.

A su vez, no es necesario ser un especialista en el asunto para darse cuenta de que la bonanza en los precios de los bienes primarios terminó. Debido a ello, ha tenido lugar un apretón importante tanto en la búsqueda de hidrocarburos como en la extracción de oro o carbón siderúrgico. El recorte de personal es notorio y ello también se expresa en las cifras que recoge el Dane.

Por otro lado, hay buenas noticias con respecto a la calidad del empleo. Mientras la población asalariada creció 4 por ciento en el primer trimestre, los trabajadores por cuenta propia –asociados a lo que coloquialmente se conoce como el ‘rebusque’– lo hicieron al 2,4 por ciento.

En cuanto a las 23 áreas ciudades de mayor tamaño, hay luces y sombras. Dos terceras partes de las capitales más importantes mostraron reducciones en el desempleo, pero en Medellín hay un deterioro importante. Barranquilla sigue por debajo del promedio nacional, pero dejó de ser la de mejor comportamiento, pues la que mejor está ahora es Montería, seguida por Cartagena.

Sin embargo, más allá de las situaciones individuales, el reporte hecho por el Dane permite mantener cierto optimismo con respecto a la evolución de la economía colombiana. En circunstancias como las actuales, en donde las esperanzas de un crecimiento aceptable recaen en el mercado local –pues los internacionales se encuentran depri- midos–, el consumo de los hogares se convierte en el motor fundamental, y ello solo ocurrirá si uno o más integrantes de una misma familia tiene oficio.

Quizás ese es el factor que explica por qué las encuestas muestran que el optimismo sobre la situación individual se mantiene, así la del país se observe con un lente más oscuro. Y es que mientras haya trabajo, cualquier otro desafío es manejable.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto
 

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