Ricardo Ávila

Una luz que se enciende

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
octubre 29 de 2014
2014-10-29 06:02 a.m.
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Los mecánicos de viejo cuño utilizan el término ‘estartazo’ para describir la manera de arrancar un motor que ha dejado de girar. Algo parecido, guardadas las proporciones, le venía sucediendo al segmento de la vivienda en Colombia, cuya dinámica estaba perdiendo vigor, según las mediciones más recientes.

Por ejemplo, hace unos días el Dane señaló que las licencias de construcción para dicho segmento cayeron casi 34 por ciento en agosto. Aunque en el acumulado del 2014 es menos inquietante, varios analistas venían señalando que el ramo experimentaba vientos en contra, a causa de la confluencia de diferentes situaciones. Como si eso fuera poco, el futuro cercano se veía inquietante si no se tomaban medidas al respecto.

En respuesta, el Gobierno destapó sus cartas ayer, al dar a conocer su estrategia para el cuatrienio. En números gruesos, esta comprende aportes del presupuesto nacional por algo menos de 8 billones de pesos, a los cuales habría que sumarles 2,3 billones de las cajas de compensación. Con esos 10 billones se construirían 400.000 casas más, sin tener en cuenta lo que haga el sector privado por su cuenta, fuera de las ayudas oficiales. La meta es reproducir lo hecho entre el 2010 y el 2014, cuando el total de unidades hechas alcanzó las 900.000.

Los instrumentos que se usarán para llegar a tan ambiciosa meta son seis. Estos van desde edificar otras 100.000 viviendas gratis para los más pobres hasta subsidios a la tasa de interés y la cuota inicial. El libreto, aunque parecido, no va a ser el mismo, pues hay estrategias dirigidas a segmentos distintos. Así, el énfasis de las casas gratuitas no va a ser en las ciudades grandes, sino en las poblaciones de menor desarrollo relativo. Por su parte, las familias que ganan entre dos y cuatro salarios mínimos también tendrán un programa específico en capitales intermedias.

De otro lado, llama la atención el lanzamiento de un esquema con el acrónimo de Tacs, que no es otra cosa que el leasing habitacional –o arrendamiento del inmueble con opción de compra–, dirigido a estratos populares. Más de un experto ha recomendado su masificación y ahora la idea será puesta a prueba bajo la conducción del Fondo Nacional del Ahorro. En lo que concierne a las cajas, su responsabilidad serán las metrópolis como Bogotá o Medellín, en donde se concentran sus afiliados.

Ahora, claro, viene el desafío de poner en marcha el vehículo. Este no solo incluye apropiar los recursos públicos necesarios en medio de una innegable estrechez fiscal, sino gerenciar adecuadamente cada capítulo, lo cual exige coordinación institucional y un seguimiento permanente.

No menos importante es mirar los temas relacionados con la disponibilidad de suelo edificable, pues la poca oferta de tierra es el principal cuello de botella que existe. Superar el obstáculo obliga no solo a expedir normas a nivel nacional, sino trabajar con las administraciones locales para que hagan lo que les corresponde en esta materia.

Si todos los propósitos se cumplen, el aporte del segmento a la economía sería positivo. Por ahora, los constructores están entusiasmados, pues hay una hoja de ruta definida.

Los técnicos, por su parte, señalan que el efecto multiplicador de los subsidios es mucho mayor que el de regalar casas, tal como lo indicó un texto reciente de Anif. En respuesta, quienes abogan por las viviendas gratis dicen que para los más pobres son pocas las opciones de tener un techo decente y que el esfuerzo que se hará va a estar complementado con obras adicionales de equipamiento urbano.

Más allá del debate, hay que resaltar la voluntad de fijar un norte. Queda mucho por hacer, pero el objetivo de darle otro espaldarazo a esta área es una luz que se enciende en una economía que ahora se expone a mayores sombras.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

Twitter: @ravilapinto


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