Ricardo Ávila
Editorial

Sin luz al final del túnel

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
abril 20 de 2016
2016-04-20 09:38 p.m.
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De la época en que el primer gobierno de Juan Manuel Santos incluyó a la minería como una de las cinco ‘locomotoras’ que jalonarían el desarrollo del país, no queda sino el recuerdo. Este jueves, en Cartagena, las principales empresas del ramo que operan en Colombia, agremiadas en la Asociación Colombiana de Minería (ACM), celebran su cumbre anual en medio de un preocupante panorama sectorial y sombrías perspectivas para la actividad.

Los tiempos son difíciles. La caída de los precios internacionales y las expectativas de desaceleración económica mundial, junto con otros factores externos, confirman el fin de años de dinamismo. Si bien la actividad aporta el 7,1 por ciento del PIB –incluyendo el petróleo–, el carbón y los metales mostraron cifras negativas en el 2015, además de una caída en el empleo generado por el ramo.

Como si lo anterior fuera poco, persiste el fantasma de la ilegalidad. Para citar un caso, los cálculos de la ACM reflejan que los productores menores y barequeros responden por el 88 por ciento de la explotación aurífera del país. No hay duda de que aquí está representada, en parte, la producción de oro asociado a guerrillas y bandas criminales que azota a la geografía nacional en Cauca, Chocó o Antioquia.

Dado el contexto global, la inversión extranjera directa en el renglón cayó de manera dramática entre enero y septiembre del año pasado, según el Banco de la República. De hecho, en el tercer trimestre de ese periodo tuvo lugar una salida neta de capitales, algo que no se experimentaba desde el 2007.

Si el escenario económico de la industria extractiva es descorazonador, ni hablar de su panorama jurídico y político. Como bien lo afirmó Juan Carlos Henao, rector de la Universidad Externado y coeditor de la investigación ‘Minería y desarrollo’: “a la reglamentación de la minería le ha ido bastante mal en los últimos 10 o 12 años en las altas cortes”.

Lo sucedido con una licencia ambiental expedida para el área de La Macarena, que fue revocada hace un par de días, muestra que la presión de la opinión a través de las redes sociales viene en aumento. Más allá de los argumentos usados, el mensaje hacia afuera es que la estabilidad jurídica se ha resquebrajado, lo cual seguramente influirá en corrientes de inversión futuras.

El motivo es claro. Madurar un proyecto exige vocación de largo plazo, pues se requieren permisos ambientales y técnicos que son costosos y toman tiempo en obtenerse. Para generar confianza, el Estado debe garantizar reglas de juego, transparentes y estables, que las empresas conocen de antemano y se comprometen a cumplir. No obstante, si la percepción es que los entes gubernamentales se dejan afectar por el clima de opinión, será difícil recuperar el terreno perdido.

Los sectores que rechazan cualquier actividad minera o petrolera han fortalecido su discurso ante la ciudadanía. Dado el obvio atractivo de defender el medioambiente, los medios de comunicación hacen eco a las posturas más extremas, mostrando la actividad como fuente de múltiples males, que van desde el impacto ecológico hasta la corrupción y el deterioro en la calidad de vida en las regiones productoras. Pocos hablan del empleo creado, los impuestos pagados o las mejores prácticas adoptadas.

De tal manera, la tensión se mantiene: mientras en Colombia la extracción de recursos del subsuelo sea legal, sus efectos medioambientales deben ser ponderados y compensados. El peor de los escenarios es marchitar a la minería por la puerta de atrás, es decir, asustándola con la incertidumbre y haciéndole perder competitividad internacional.

Lo único que tal estrategia conseguirá es que en el posconflicto la minería en el territorio nacional sea primordialmente ilícita, criminal y violenta. No será fácil, entonces, la labor del nuevo ministro de Minas para levantar el ánimo de un gremio que, hasta hace poco, era sinónimo de bonanza y crecimiento.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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