Ricardo Ávila

De mal en peor

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
julio 24 de 2015
2015-07-24 02:48 a.m.
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A medida que el dólar sigue su camino ascendente y se ubica por encima del nivel simbólico de los 2.800 pesos por dólar, salta a la vista que los movimientos recientes en el precio del billete verde están cada vez más atados a los altibajos de las cotizaciones del petróleo en los mercados internacionales. En pocas palabras, la lógica de quienes negocian en divisas es que si el principal renglón de las exportaciones no se comporta bien, esto afectará el ya notorio desequilibrio en las cuentas externas del país.

Dicho razonamiento tiene fundamento. Los despachos de crudo y sus derivados entre enero y mayo ascendieron a 12.817 millones de dólares, según el Dane, cifra que equivale al 55 por ciento del total exportado. Frente a igual periodo del 2014, la caída ha sido del 47 por ciento, a pesar de que el volumen entregado ha subido, debido a que la producción interna se comporta mejor.

El escenario se complica en la medida en que las posibilidades de un repunte en los hidrocarburos son pocas. El exceso de oferta sigue siendo la norma, lo cual llevó al Banco Mundial a pronosticar en su más reciente reporte sobre el valor de los bienes primarios, que el alza promedio para el petróleo en el 2016 sería apenas de cuatro dólares por barril, frente a los niveles de este año.

Y las complicaciones no se detienen ahí. Para el organismo multilateral, en otros productos básicos debería suceder algo similar, así las correcciones no sean igual de fuertes. Dicho de otra manera, ni los alimentos, ni los insumos energéticos, ni los metales deberían subir de precio en los meses que vienen, pues la demanda se ha debilitado.

Semejante veredicto es inquietante para Colombia cuando se tiene en cuenta que el carbón representa el 11 por ciento de las exportaciones; el café, 4 por ciento; el oro, 3 por ciento, y el ferroníquel, 1 por ciento. En términos esquemáticos, tres cuartas partes de nuestras ventas al exterior dependen de sectores que están de capa caída.

La explicación de lo que sucede tiene que ver con el mediocre ritmo de la economía mundial. Con una expansión que a duras penas sobrepasa el 3 por ciento anual, no hay garantías para que la demanda se mantenga en condiciones vigorosas.

Pero siendo más precisos, el Banco Mundial se concentra en el papel jugado por China e India como grandes consumidores de bienes primarios. Y es que el impacto en el mercado de las dos naciones más populosas del planeta en lo que va del siglo es imposible de desconocer.

Por ejemplo, en los diez años transcurridos entre el 2002 y el 2012, el consumo chino de petróleo subió 98 por ciento; el de carbón, 147, y el de metales, 329 por ciento. En lo que atañe a India, el ritmo fue un poco menor, pero no menos destacable: 53, 93 y 137 por ciento, respectivamente.

El problema es que esa locomotora se está desacelerando y las tasas de ahora ya no son las de antes. De manera complementaria, empieza a haber un uso menor de combustibles fósiles al momento de generar energía, lo cual impacta la demanda.

Tales elementos se conjugan para un escenario de precios a la baja. De tal forma, la tonelada de carbón colombiano, que hace un par de años estaba en 72 dólares, va en 53 dólares, sin que se prevean subidas en el futuro cercano.

Por su parte, el café ha caído un 16 por ciento, pues la sequía que afectó a Brasil es cosa del pasado y el pronóstico es que habrá grano en abundancia. A su vez, el oro desciende hacia los 1.050 dólares la onza, muy lejos de los máximos históricos de hace unos años.

Así las cosas, las perspectivas para los productos básicos que exportamos son oscuras y el parte va más allá del petróleo. Por eso, diversificar las ventas del país no solo es importante, sino urgente.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

@ravilapinto

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