Ricardo Ávila
Editorial

De la mano de la tecnología 

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
abril 19 de 2016
2016-04-19 10:35 p.m.
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Pocos colombianos le prestaron atención al anuncio que hizo la Dian hace un par de días, cuando tuvo lugar la presentación del modelo de factura electrónica que eventualmente reemplazará a las de papel, y, por ahora, arranca con un plan piloto que dura seis meses y abarca a 400 empresas contribuyentes. Si bien el mecanismo fue aprobado desde 1995 y reglamentado en el 2007, diferentes limitaciones habían impedido su masificación.

Sin embargo, tras un decreto expedido el año pasado, que permitió la adopción de un formato estándar que funcione entre varias plataformas tecnológicas, el Gobierno considera que están dadas las condiciones para que la mayoría de las transacciones que se hagan en el país tengan lugar por esta vía. El proceso será gradual, pero la idea es que a finales del 2018 existan al menos 38.560 facturadores electrónicos.

Si bien ese número es todavía una fracción de los 343.430 declarantes del régimen común del Impuesto al Valor Agregado que existen en Colombia, la meta es llegar a la universalización del mecanismo. Las razones son obvias y tienen que ver con las ventajas que pone a disposición de empresas naturales y jurídicas la revolución informática: aparte de la economía en papelería, está el ahorro de espacio físico a la hora de guardar archivos y la seguridad de dejar esa información en la nube.

Claro que el propósito más importante tiene que ver con las relaciones con el fisco. Para citar un caso, cada vez que una persona adquiera un bien en un establecimiento comercial se le hará un reporte a la Dian en tiempo real, que servirá no solo para sacar la cuenta de cuánto hay que girarle a las arcas públicas periódicamente, sino para que los datos de uno y otro lado coincidan.

No menos llamativa es la posibilidad de combatir la evasión y la elusión tributaria, que ascendería al menos a 20 billones de pesos anuales. Según cuentas de la propia Dian, una quinta parte de lo que le corresponde al fisco por concepto de IVA no se recauda, ya sea porque no se cobra o porque se cobra y no se le entrega al Estado.

Adicionalmente, la entidad sostiene que en lo que atañe al impuesto sobre la renta, el boquete llega a más de una tercera parte. Una de las formas más usadas para desconocer las obligaciones es aumentar costos a través de compras ficticias de insumos, o remitir bienes que, en realidad, se están vendiendo. Tales prácticas se harían mucho más difíciles con la facturación electrónica que permite aquello que los técnicos conocen como la trazabilidad, que no es otra cosa que seguirle la pista a quien hizo determinada operación y, eventualmente, detectar inconsistencias.

Que el nuevo modelo vale la pena es algo que se ha visto en otras naciones latinoamericanas. Tal vez el ejemplo más exitoso es el de Chile, en donde el proceso comenzó hace más de una década y abarca cada vez más transacciones. Según cuentas de los responsables del tema en el país austral, más de las tres cuartas partes de las facturas emitidas hoy en día, son electrónicas, y ya hay 230.000 contribuyentes en el sistema, la mayoría de ellos voluntarios. La proyección es que al cierre del año se habrán expedido unos 430 millones de facturas.

Como es usual en estos asuntos, el proceso es gradual y comenzó con los negocios de mayor tamaño, para pasar a las pequeñas y medianas empresas urbanas, después a las rurales, seguidas de las microempresas. La curva de aprendizaje ha sido larga y los consejos recibidos por la Dian resultaron valiosos.

Ahora, el objetivo es no desviarse de la senda trazada. Justo en momentos en que se acerca el debate de la reforma tributaria, que se impone ante el requisito de cerrar la brecha en las finanzas públicas, mecanismos como este resultan clave para facilitarles la vida a los contribuyentes y perseguir a los evasores. Habrá que adaptarse, pero hay que insistir en que, quien nada debe, nada tiene que temer.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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