Ricardo Ávila

El mantra de Oslo

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
octubre 19 de 2012
2012-10-19 01:51 a.m.
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Arrancó ayer en Noruega la segunda fase del proceso de paz entre el Gobierno colombiano y las Farc.

Discursos de los voceros de cada delegación, el ex vicepresidente Humberto de la Calle y el comandante guerrillero ‘Iván Márquez’, así como una posterior rueda de prensa, abrieron formalmente la etapa de conversaciones que se desarrollará desde principios de noviembre en La Habana.

La sensación que dejó este acto de instalación es agridulce y las primeras tensiones no tardaron en aparecer.

La confidencialidad y la empatía que caracterizaron los contactos exploratorios entre la administración Santos y la cúpula subversiva, brillaron por su ausencia en la capital escandinava.

En especial por las palabras, el tono y la actitud de ‘Márquez’.

Su alocución desconcertó, no por su retórica comunista, sino por su virulencia contra el sector privado.

Las Farc inauguraron esta etapa negando su condición de victimarios de miles de colombianos y yéndose lanza en ristre contra grandes empresas de los sectores agroindustrial y mineroenergético.

Lamentablemente, Oslo fue convertido por los representantes de la insurgencia en escenario de ataques directos con nombre propio. “Venimos a sentar al neoliberalismo en el banquillo de los acusados como verdugo del pueblo y fabricación de muerte”, declaró ‘Márquez’.

La postura inicial de la guerrilla constituye una crítica llena de lugares comunes, con un evidente sesgo ideológico, en contra de una serie de políticas económicas que el Estado colombiano ha venido desarrollando en años recientes.

No genera mayor sorpresa constatar que para la subversión la entrada de la inversión extranjera, los proyectos productivos en marcha en la Orinoquia y el mayor dinamismo de sectores como el de hidrocarburos no son más que instrumentos con los que “el régimen mata de hambre”.

El mercado, en palabras del segundo en la línea de mando de las Farc, es “un asesino metafísico” al que vienen a desenmascarar en los diálogos de paz.

Que la subversión llame “demonio de destrucción socioambiental” a la locomotora minera, hace parte de una anticuada retórica antiempresarial que busca conectarse con las comunidades que hoy tienen reparos puntuales.

No obstante, detrás de los calificativos rimbombantes se esconde una concepción de las tierras y del territorio que choca de frente con el statu quo.

Como lo firmaron las partes en el acuerdo general, el desarrollo agrario integral será el primer tema de la agenda a discutirse en La Habana. Desde ya se percibe que las negociaciones no serán sencillas, y que la guerrilla tendrá en la mira las multimillonarias inversiones que diversas compañías han hecho en regiones que antes dominaban a su antojo.

Ahí reposa el acierto de las declaraciones del jefe de negociadores del Gobierno: de la Calle no dejó de insistir que la concepción del Estado y el modelo de desarrollo económico no se encuentran dentro de la agenda de discusión.

Pretender que las Farc abracen, sin críticas, la apuesta por la iniciativa privada es ingenuo.

Asimismo es inevitable que en estas apariciones públicas los comandantes guerrilleros desplieguen una retórica agresiva y virulenta contra los símbolos del desarrollo actual en busca de congraciarse con algunos sectores sociales y con sus bases.

Dicho lo anterior, no hay que apresurarse a descalificar a las primeras de cambio un esfuerzo que vale la pena y en el que es necesaria la serenidad, al igual que la firmeza, si el objetivo es llegar a un cierre exitoso.

Al mismo tiempo, las declaraciones iniciales de los voceros subversivos ratifican que el diálogo no será fácil. Desde ya se prevé que las Farc intentarán por todos los medios que la mesa de negociaciones incluya políticas económicas.

Del equipo liderado por de la Calle dependerá mantener el mantra de Oslo: el modelo de desarrollo no está en la agenda. Y punto.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

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