Ricardo Ávila

Sin margen de maniobra

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
octubre 15 de 2015
2015-10-15 04:13 a.m.
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Tal como lo habían previsto los observadores, la plenaria del Senado y de la Cámara de Representantes aprobaron en la noche del martes el Presupuesto General de la Nación para el 2016. Tasado en 215,9 billones de pesos, el plan de gastos del próximo año contiene las partidas que recibirán múltiples entidades y programas gubernamentales para funcionamiento e inversión, al igual que para atender el servicio de la deuda.

A diferencia de lo que fue la norma durante la primera administración Santos, en la presente oportunidad resultó imperativo apretarse el cinturón. El desplome en los precios del petróleo representará una caída superior a los 20 billones de pesos en los ingresos del sector central, en comparación con los del 2013. Debido a ello, el monto total asignado es mayor en 2,5 por ciento en términos nominales que el del año pasado, lo cual equivale a una caída de casi tres puntos cuando se tiene en cuenta la inflación.

Aun así, los críticos del Ministerio de Hacienda señalaron en el Capitolio que se hicieron cuentas alegres en los supuestos utilizados para proyectar las rentas del Gobierno. Por ejemplo, el crecimiento de la economía se calculó en 3,8 por ciento en el 2016, mientras que para el precio del petróleo Brent se utilizó un escenario de 64,6 dólares por barril y en lo que hace a la tasa de cambio el nivel usado es de 2.502 pesos (2.700, en el caso de la deuda).

Si bien nadie tiene una bola de cristal que funcione sin margen de error, es difícil creer que los números mencionados se verán en la realidad. Ello explica los llamados a recortar el presupuesto, provenientes de las bancadas de la oposición.

No obstante, el Ejecutivo defendió sus cifras y se mantuvo en su sitio. Con el fin de tranquilizar no solo a algunos congresistas, sino especialmente a las firmas calificadoras de riesgo que miran con algo de inquietud la realidad fiscal del país, se optó por una salida diferente.

Esta comprende la creación de una reserva de un billón de gastos no asignados, que solamente se ejecutará si se cumplen las metas de ingresos. Adicionalmente, se anunció que todos los sectores deberán identificar partidas equivalentes al uno por ciento de lo que reciban, las cuales serían recortadas en caso de urgencia. Allí habría 1,8 billones de pesos más que serían ahorrados.

En otras palabras, existe la posibilidad de recortes que equivalen al 0,3 por ciento del Producto Interno Bruto, sin necesidad de sacar la tijera y empezar a negociar en forma individual con los diferentes ministerios o departamentos administrativos. El propósito de la fórmula es dejar en claro que el compromiso con la regla fiscal es indeclinable y que más allá del aumento previsto y permitido en el saldo en rojo de las cuentas públicas, no hay espacio para más desviaciones. De lo contrario, la credibilidad externa de Colombia se vería afectada, con consecuencias indeseables sobre el costo del crédito y el valor del dólar.

Aparte de mantener la rienda corta en esa materia, es obligatorio que la actual administración ejecute bien el presupuesto. A la mayoría les corresponde la antipática labor de hacer al menos lo mismo con montos más bajos, mientras que unos pocos consiguieron reponerse de los recortes en forma parcial o conseguir una tajada más grande, como fue el caso de las áreas de educación y agricultura.

Más allá de la suerte individual, todos los ordenadores del gasto necesitan recordar que el palo no está para cucharas.

Las finanzas públicas atraviesan un largo periodo de vacas flacas que exige mayor dedicación y cumplimiento con lo programado.Y aunque nadie lo desee e importantes economías estén previstas, también vale la pena tener en cuenta que, si es obligatorio, habrá que apretarse más el cinturón para evitar dolores de cabeza que afectarían a todos los colombianos. Porque el margen de maniobra que había se acabó hace rato.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto
 

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