Ricardo Ávila
Editorial

Más concreto que gaseoso

La polémica entorno a los impuestos a las bebidas azucaradas sería el plato fuerte de la reforma tributaria.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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POR:
Ricardo Ávila
octubre 12 de 2016
2016-10-12 08:16 p.m.
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El texto de la reforma tributaria es todavía una incógnita, pero todo apunta a que, entre sus propuestas polémicas, el articulado que radique el Gobierno en el Capitolio incluirá una iniciativa para gravar las bebidas azucaradas. Dicha posibilidad tiene en estado de alerta máxima a las compañías del sector, que no han dudado en sacar la artillería disponible, con el fin de cuestionar la idea de una carga fiscal con nombre propio.

El debate incluyó un nuevo elemento esta semana, tras la publicación de un documento de la Organización Mundial de la Salud (OMS). De acuerdo con la entidad multilateral, existe una “evidencia creciente” según la cual un apretón por el lado de los impuestos, combinado con otras acciones de política pública, tiene un potencial considerable de promover dietas más saludables.

En concreto, la afirmación es que tributos del 20 por ciento, o más, conducen a una reducción del consumo de gaseosa u otros substitutos. Para la OMS, la disminución en la ingestión de calorías contribuye a una mejor nutrición, la cual se expresa en menores casos de sobrepeso, obesidad y otras enfermedades.

La polémica entorno a los impuestos a las bebidas azucaradas sería el plato fuerte de la reforma tributaria.

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El análisis examina las experiencias de un buen número de países, desde Finlandia hasta Ecuador. La lista es larga y deja en claro que en las más diversas latitudes, aumenta la presión para que por la vía de los mayores precios, los consumidores escojan otras opciones a la hora de saciar la sed. Guardadas las proporciones, la argumentación se asemeja a la que utilizan quienes impulsan cargas más elevadas para los cigarrillos.

El razonamiento no incluye un elemento que está en la mente de los ministerios de Hacienda. Desde el punto de vista del recaudo, el gravamen a las bebidas azucaradas es muy atractivo. El motivo es que el universo de fabricantes es reducido y la aplicación es relativamente sencilla.

Un caso que se trae a colación con frecuencia es el de México, en donde los ingresos públicos subieron más allá de lo presupuestado. No obstante, la discusión sobre los beneficios de la política aplicada continúa, pues, mientras los críticos de la medida sostienen que los resultados, en términos de mejora en la calidad de la nutrición, no se dieron, las autoridades insisten en que tuvo lugar una caída en los volúmenes de compra, en especial en los estratos socioeconómicos más bajos.

Dicha posibilidad tiene en estado de alerta máxima a las empresas del sector, que no han dudado en sacar la artillería disponible.

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En lo que atañe a Colombia, no hay duda de que el debate será más intenso a lo largo de las semanas que vienen. Los enemigos de la idea sostienen que aquí se debería aplicar el principio de ‘o todos en la cama, o todos en el suelo’. Dicho de otra manera, si el propósito es mejorar la nutrición de los colombianos a través de castigos económicos, y el azúcar es el gran enemigo, el abanico tendría que ser mucho más amplio. Adicionalmente, la lista negra debería comprender las grasas saturadas o diferentes carbohidratos, para que haya lugar un cambio de hábitos positivo.

Adicionalmente, un trabajo hecho por la firma EConcept pone en entredicho algunos supuestos utilizados. Entre las afirmaciones hechas está la de que “no existe una evidencia fuerte ni empírica ni estimada, que concluya que el consumo de bebidas azucaradas tiene un impacto negativo sobre indicadores de salud como obesidad y diabetes en el contexto internacional”, algo que se extrapola al caso colombiano.
No menos fuerte es el alegato de que el efecto fiscal neto de un nuevo tributo puede ser negativo y golpearía a las ventas minoristas. Bajo ese punto de vista, habría pérdidas de empleos que no deberían pasar desapercibidas, las mismas que han llevado a diferentes gremios a oponerse a la iniciativa.

Todo lo anterior será objeto de discusión en los recintos de la Cámara y el Senado. La actitud del público es todavía una incógnita, si bien los sondeos sugieren que los temas de salud –y especialmente los de nutrición infantil– pesan mucho en los padres de familia. Aun así, el cabildeo será fuerte y estará orientado a evitar que la tendencia que se ve en otras naciones llegue aquí. Por lo menos en la presente oportunidad.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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