Ricardo Ávila

Mejor no ilusionarse

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
septiembre 11 de 2015
2015-09-11 04:32 a.m.
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No hay duda alguna de que en el seno del equipo económico del Gobierno hubo un suspiro de alivio, tan pronto el Dane dio a conocer este jueves su veredicto sobre el comportamiento del Producto Interno Bruto durante el segundo trimestre del 2015. El motivo es que así el dato haya sido de un tímido 3 por ciento, es de los de mostrar en América Latina, una región que ahora es mirada con una mezcla de preocupación y desdén desde otras latitudes.

Dicho de otra forma, el país puede alegar, con fundamento, que así tenga que nadar contra la corriente por cuenta de la descolgada en las cotizaciones de los bienes primarios que exporta, todavía es capaz de avanzar más que los demás. Y que si logra concretar los cierres financieros de los numerosos proyectos viales que forman parte de las autopistas de cuarta generación y de las Alianzas Público Privadas que han recibido luz verde hasta la fecha, cuenta con una capacidad de resistencia única.

Semejante mensaje es clave a la luz del sacudón que significó la mala nota que recibieron los títulos de deuda de Brasil hace un par de días, lo que le implicó al gigante suramericano perder el grado de inversión que había logrado en el 2008.

Desmarcarse de la realidad auriverde es definitivo, sobre todo para un país como el nuestro, que necesita mantener la confianza de los inversionistas internacionales, con el fin de financiar sus notorios desequilibrios externos.

No menos importante es mantener una velocidad que, así diste de ser la ideal, sirve para que no se presenten grandes retrocesos en el mercado laboral. A pesar de que la calidad del empleo generado tuvo un deterioro en las mediciones más recientes, la desocupación sigue bajando, algo que garantiza que el consumo interno no dé marcha atrás, aunque no tenga el comportamiento estelar de antes.

Por otra parte, más de uno conserva la esperanza de que la agricultura y la industria se comporten con más vigor en este semestre. Es cierto que el fenómeno climático del Niño es una gran amenaza con respecto al campo, pero la fuerte devaluación del peso favorece a la producción nacional. Los reportes relativos al aumento del área sembrada o a la sustitución de artículos importados por los hechos localmente son más numerosos a medida que pasan las semanas, pero estos no se notan aún en las estadísticas oficiales.

Aun así, no hay que llamarse a engaños, en el sentido de ilusionarse con mejorías rápidas y caer en la tentación de las cuentas alegres. Incluso en lo que atañe al petróleo y la minería, el buen desempeño visto entre abril y junio es apenas una golondrina sin verano, pues lo que vienen son más dificultades en esta área.

Tampoco sería bueno esperar una rápida entrada en funcionamiento de la refinería de Ecopetrol en Cartagena, que tanto influye sobre el comportamiento del ramo manufacturero. En el mejor de los casos, el enorme proyecto estaría funcionando en diciembre, si bien lo más razonable es extenderle el plazo hasta marzo.

Tales elementos llevan a pensar que los meses que vienen serán muy similares a los que acaban de pasar, y que posiblemente el 2016 no sea diferente. La razón de fondo es la misma: tomará un tiempo largo asimilar el durísimo golpe que significó el final de la bonanza en los precios de las materias primas, por lo cual el esfuerzo de las autoridades necesita concentrarse en limitar los daños.

Eso, en términos concretos, implica cuidar que la locomotora de la construcción tome más velocidad y que las obras planeadas arranquen más temprano que tarde. De otro lado, en lo que atañe a las finanzas públicas, el propósito no puede ser otro que garantizar que la casa esté en orden. Cualquier error en uno u otro frente, se pagará caro, y si nos descuidamos corremos el peligro de parecernos a nuestros pares latinoamericanos, que, en este asunto, no tienen mucho para celebrar.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto
 

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