Ricardo Ávila

Una misma melodía

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
septiembre 23 de 2014
2014-09-23 02:07 a.m.
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Una ola de descontento se está levantando en la región Caribe. Desde hace varias semanas, los editoriales de los periódicos costeños, los pronunciamientos de los gremios y líderes políticos y la voz de alcaldes y gobernadores hacen coro en una misma melodía: la queja por el contraste entre las promesas que, en el calor de la campaña de reelección hiciera el presidente Juan Manuel Santos de obras y programas sociales para el conjunto de los departamentos del Caribe, y la cruda realidad de la estrechez fiscal, evidenciada hace pocos días en reuniones del primer mandatario y el Ministro de Hacienda con la bancada de congresistas de la zona, de las que no salieron los compromisos firmes que el liderazgo de la región esperaba.

El reclamo cobra más importancia por tratarse de la zona del país que, con su masiva votación por Santos, inclinó la dura contienda de la segunda vuelta a favor de la opción reeleccionista. Los parlamentarios de la región que, a propuesta del senador Arturo Char, presidente de la Comisión Cuarta, la poderosa comisión del presupuesto, por primera vez han constituido una bancada que pretende actuar unida, se quejan con razón porque ni Santos ni el Minhacienda Mauricio Cárdenas han aterrizado las promesas de campaña.

Durante décadas, la región soportó la indiferencia centralista y eso, unido a una clase política local indolente, derivó en altos índices de pobreza y un notable retraso en materia de infraestructura. Ahora que, gracias al impulso de los grandes puertos y del boom del comercio exterior, la región se ha vuelto atractiva para la industria, el comercio y la construcción, y tiene los índices de desempleo más bajos, y esto coincide, al menos en algunas ciudades, con una renovación interesante del liderazgo político, la sociedad caribe exige con razón que el Gobierno Central cumpla con su parte.

Contra ello atentan las dificultades fiscales que obligan al Minhacienda a moverse con prudencia. Y aunque eso es comprensible, el presidente Santos debe que encontrar fórmulas innovadoras para hacer viables los proyectos que prometió, como son las dobles calzadas completas entre Cartagena y Barranquilla y entre Barranquilla y Santa Marta; el nuevo puente Pumarejo; la nueva concesión aeroportuaria para el Ernesto Cortissoz –que no debe quedar empaquetada con aeropuertos de otras zonas del país–; los planes de vivienda social anunciados en campaña; la refinanciación de los proyectos de transporte masivo como Transmetro en Barranquilla y Transcaribe en Cartagena; varias vías más atadas a los programas de prosperidad y la culminación de obras que increíblemente aún están pendientes, destinadas a mitigar los efectos de la emergencia invernal del 2010 y el 2011. Mención aparte merece el caso de San Andrés y Providencia, cuyos programas de desarrollo anunciados después de la crisis por el fallo de La Haya han quedado en ceros.

Todo esto debe ir acompañado de una mayor vigilancia, tanto a nivel regional como nacional, de la inversión de los recursos de regalías, para que no se repitan casos aberrantes como el que estalló en Córdoba tras el asesinato del jefe de regalías de ese departamento hace pocas semanas. Porque de nada servirían los compromisos del Gobierno Nacional, si van atados a que determinados políticos puedan señalar hasta qué contratista amigo debe adelantar tal o cual obra.

Vistas las limitaciones presupuestales para el 2015, urge priorizar los proyectos de mayor impacto positivo y desde ya comenzar a trabajar en el plan de desarrollo que presentará Planeación Nacional. Lo que no podría ocurrir es que gane terreno la idea de que, después de haber definido la elección presidencial, la región Caribe resulte olvidada en el segundo mandato de Santos. Aunque por fortuna en Colombia estamos muy lejos de vivir ese tipo de problemas, los ejemplos de Escocia y Cataluña deben alertar al Gobierno Central en el sentido de que, en el mundo de hoy, están volviendo a soplar los vientos secesionistas, y no tendría sentido que los dejáramos llegar hasta nuestras costas.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto

 

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