Ricardo Ávila

La meta más esquiva

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
enero 12 de 2014
2014-01-12 08:56 p.m.
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El jueves de la semana pasada, el alto Gobierno hizo un ejercicio destacable. Este consistió en la reunión de la Mesa de Pobreza, un esquema en el cual los ministerios, instituciones y agencias estatales que tienen que ver con la política social se reúnen para examinar cómo van las cosas en la materia.

La necesidad de hacerle seguimiento periódico al tema es indiscutible. A pesar de los logros de los últimos años falta un largo camino por recorrer para hacer que la sociedad colombiana sea más justa, tanto en lo que hace a la distribución de la riqueza como de acceso a las oportunidades.

Lo conseguido a la fecha no es poco. Si al comenzar el siglo, uno de cada dos ciudadanos se encontraba por debajo de la línea de pobreza (definida como ingresos inferiores a 817.080 pesos mensuales a nivel nacional, para una familia de cuatro integrantes), ahora esa proporción ha bajado a una tercera parte de la población.

Según los cálculos oficiales, hay 14,6 millones de personas en esa condición, una suma que –bajo cualquier parámetro– es inaceptable. Eso quiere decir que los esfuerzos realizados hasta la fecha tienen que continuar, pues no solo estamos por encima del promedio latinoamericano, sino que nos encontramos a considerable distancia de Chile o Perú, que se han anotado éxitos notables en la materia.

Entre las estrategias utilizadas hay que destacar instrumentos de uso relativamente reciente. Uno de ellos son las transferencias condicionadas, tales como las que se entregan a través de Familias en Acción. Otra es la ampliación en la cobertura del sistema de salud que, a pesar de sus conocidos problemas de sostenibilidad, hoy le llega a casi la totalidad de las familias.

No obstante, el elemento más importante de todos es el empleo. Gracias a las mayores tasas de ocupación, la calidad de vida en cientos de miles de hogares ha cambiado para bien. Con base en las cifras del Dane, los técnicos en el asunto calculan que la situación que más ha mejorado es la del 60 por ciento de los colombianos que no pertenecen al 20 por más rico o al 20 por ciento más pobre.

Ese análisis deja en claro que el reto más grande tiene que ver con el combate a la pobreza extrema o a la miseria. Bajo esta categoría se ubican aquellas familias de cuatro miembros que a nivel nacional reciben ingresos mensuales por debajo de los 366.755 pesos mensuales. En esa condición se encuentra el 10 por ciento de la población, que equivale a 4,6 millones de personas.

Aunque a primera vista se podría pensar que los desafíos son los mismos en todo el territorio, la verdad es que el problema es mucho más agudo en las zonas rurales –en donde la tasa es casi del 22 por ciento– que en las cabeceras. Puesto de otra manera, la probabilidad de que una persona esté en situación de miseria es tres veces más alta si habita en el campo que en la ciudad.

Las causas de esas diferencias tienen que ver con las posibilidades de empleo, la tenencia de la tierra y el acceso a ciertos servicios como la educación de buena calidad, que están más al alcance de quienes habitan en las áreas urbanas.

En consecuencia, el Gobierno tiene claro que para continuar por la senda de avances de los últimos años, tiene que volcarse más sobre las áreas apartadas, algo que forma parte del trabajo de varias entidades bajo la égida del Departamento para la Prosperidad Social.

Sin embargo, el hueso es duro de roer. Aparte de los subsidios entregados, que incluyen mejorar las condiciones de habitabilidad de las casas campesinas, el tema central es la generación de ingresos. Dicho con claridad, solo hasta cuando quienes viven en el campo ganen más, será posible apuntarle a eliminar la pobreza extrema.

Y aunque hay experiencias exitosas, son todavía pocos los casos de mostrar. Por eso hay que redoblar esfuerzos, pues de lo contrario, millones de colombianos pobres nunca van a dejar de serlo.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto

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