Ricardo Ávila

A mitad de camino

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
julio 17 de 2015
2015-07-17 01:41 a.m.
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En medio de los atafagos del día a día y de las crisis que se suceden, es fácil perder perspectiva sobre los cambios que ha experimentado el mundo en los últimos años.

La afirmación de que la actual es la época más próspera de la humanidad, normalmente despierta una reacción de escepticismo.

No obstante, un trabajo publicado la semana pasada por un tanque de pensamiento estadounidense, el Pew Research Center, trae evidencias que son reveladoras sobre el comportamiento de los ingresos en las más diversas latitudes.

Usando datos de 111 países en los que vive el 88 por ciento de la gente en el planeta, el estudio utilizó los datos de cada nación y los ajustó a su respectiva paridad de compra, con el fin de hacerlos comparables.

El análisis muestra que entre 2001 y 2011 el cambio fue enorme. En ese lapso, la población global pasó de 5.513 a 6.186 millones de individuos, lo que da un aumento de 674 millones. No obstante, en lugar de aumentar, la cantidad de pobres –definidos como aquellos que viven con menos de dos dólares al día- se redujo en 669 millones.

Como consecuencia, todas las demás categoría aumentaron de tamaño. El incremento más significativo lo tuvo el segmento de aquellos que ganan entre dos y 10 dólares diarios, que en el reporte se describe como la clase media baja o “los vulnerables”.

Aquí están aquellos que han salido de la pobreza, pero que corren el riesgo de volver a ella si pierden su trabajo o tienen que incurrir en los gastos que demanda un tratamiento médico. Según los cálculos realizados, bajo es clasificación estaba más de la mitad de la humanidad -3.444 millones de seres- hace cuatro años.

A su vez, la verdadera clase media –la que recibe más de 10 dólares diarios y menos de 50- tuvo una rápida expansión del 96 por ciento, pero representa menos del 13 por ciento del total.

Por cierto, aunque esta definición puede parecer arbitraria, las investigaciones revelan que cuando una persona supera esa línea de corte, su probabilidad de ser pobre es inferior al 10 por ciento.

Los hallazgos en cuestión indican, en consecuencia, que la transformación ha sido descomunal, pero que todavía es muy temprano para decir que existe una clase media global. En otras palabras, los centenares de millones que dejaron atrás la pobreza continúan en una zona de riesgo que no se puede desconocer.

Que esos peligros son verdad es algo que comprueba el caso de Brasil, descrito como un importante caso de éxito hace muy poco. Sin desconocer que millones de personas mejoraron su calidad de vida a lo largo del presente siglo, la reciente alza en el desempleo, sumada a una aceleración de la inflación, hace prever un retroceso que viene acompañado de un gran descontento social.

En el caso de Colombia los datos son interesantes. Hace unas pocas semanas Juan Manuel Santos sostuvo que nos habíamos vuelto un país de clase media, pero la evidencia muestra otra cosa.

Para comenzar, es verdad que la proporción de personas que gana menos de dos dólares diarios cayó significativamente –del 24 a algo más del 10 % de la ciudadanía- entre 2001 y 2011.

Los vulnerables representan todavía la mayoría, pues son el 55 por ciento. Puesto de otra manera, dos terceras partes de los colombianos ganan menos de 10 dólares diarios.

A su vez, la clase media se duplicó y ahora se acerca al 32 por ciento, mientras que la clase alta también se multiplicó por dos pero solo equivale al 3 por ciento.

Más allá de los números, el mensaje es que el cambio fue real y grande, pero que todavía nos falta un largo trecho. Además, dada la condición de vulnerabilidad en que se encuentra la mayoría de nuestros compatriotas, es obligatorio cuidar que en el camino que se pudo avanzar no se pierda un ápice.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

@ravilapinto

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