Ricardo Ávila

¿Qué moneda prefiere?

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
abril 05 de 2013
2013-04-05 05:06 a.m.
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La discusión sobre la apreciación del peso en Colombia hace recordar a veces aquella frase atribuida a Mark Twain en referencia al clima: “todo el mundo habla de él, pero nadie parece hacer nada al respecto”. Y es que a lo largo de las últimas semanas se ha intensificado la discusión sobre la revaluación de la moneda nacional frente al dólar, que ha golpeado la competitividad de la industria y la agricultura. Incluso, el Ministro de Hacienda llegó a sostener que dicha circunstancia es “la madre de todos los males” que afectan al sector productivo.

Ante la necesidad de afilar las herramientas ensayadas hasta ahora, las cuales comprenden un programa de compras diarias de divisas por parte del Banco de la República y restricciones al endeudamiento del sector público en el exterior, han surgido numerosas ideas. Algunas son de vieja data, como la de aumentar el nivel de intervención en el mercado cambiario o imponer restricciones a los capitales foráneos, cuyo ritmo de entrada ha subido después de que la reforma tributaria les diera un tratamiento más favorable.

No obstante, quizás la que ha recibido más impulso en días recientes es la posibilidad de que se permita la apertura de cuentas corrientes en dólares en el país. El modelo a seguir –según los defensores de la iniciativa– es el aplicado en Perú, que ha logrado defenderse con mucho mayor éxito que sus vecinos del lastre de la revaluación, y en donde los ciudadanos pueden optar por tener su dinero en soles o en la moneda estadounidense. De acuerdo con los datos oficiales, algo menos del 40 por ciento de la liquidez del sistema bancario está representado en esa divisa.

A primera vista, el esquema suena atractivo. Si, por ejemplo, la gente tiene la posibilidad de tener hasta 10.000 dólares en su banco, aumentaría la demanda del billete verde con lo cual el peso perdería terreno. Adicionalmente, ciertas transacciones se harían más fáciles, impulsando la propia globalización de la economía. Como si lo anterior fuera poco, el hecho de que una parte importante de los activos del sistema financiero esté en otra moneda, obligaría al Banco de la República a ser más agresivo con el fin de combatir la volatilidad cambiaria y la especulación.

Sin embargo, hay que tener en cuenta los argumentos en contra. El principal es que la economía colombiana tiene la ventaja de tener al peso como la unidad de valor por excelencia en el país.

Si alguna lección ha dejado la crisis europea es que ceder la soberanía monetaria –así sea parcialmente– puede ser fuente de problemas a la hora de realizar ajustes. En las actuales circunstancias, en las que existe una gran liquidez internacional, el tema puede ser menospreciado, pero cuando el viento cambie de dirección, las cosas serán a otro precio.

Adicionalmente, quienes saben de estas cosas recuerdan que hoy es perfectamente legal tener cuentas en el exterior. En otras palabras, quien quiera dejar su dinero en dólares puede hacerlo con facilidad, con lo cual una variación en las normas no estaría respondiendo a una necesidad expresa.

En contraste, los enemigos de la iniciativa hablan del peligro que representaría el blanqueo de divisas en un país, en donde las actividades ilegales tienen un peso notable. La llegada de personas con fajos de billetes extranjeros a los bancos exigiría nuevos procedimientos que pueden resultar costosos y que no precisamente les darían más instrumentos a las autoridades para luchar contra la economía subterránea.

Finalmente, no está de más recordar que Perú llegó a las cuentas en dólares no por elección, sino como respuesta a la hiperinflación de hace un par de décadas. Teniendo en cuenta que el caso de Colombia es muy diferente, es mejor tener cuidado a la hora de adoptar fórmulas que suenan bien, pero que no necesariamente van a producir el resultado esperado.

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