Ricardo Ávila
Editorial

Mucho más que un muro

La reiteración de la promesa de edificar una barrera entre México y Estados Unidos es una pésima señal sobre lo que viene.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
enero 12 de 2017
2017-01-12 10:36 p.m.
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La rueda de prensa que Donald Trump concedió el miércoles pasado acabó con las esperanzas de que su personalidad se hubiera moderado en estas últimas semanas, con respecto a la imagen que proyectó durante la campaña que lo llevó a la presidencia de Estados Unidos. En su encuentro con los periodistas, el mandatario electo volvió a las exageraciones, los insultos y el tono antagonista de siempre.

El lenguaje utilizado hace aconsejable prepararse para las decisiones que tome la Casa Blanca a partir del 20 de enero, cuando el nuevo inquilino llegue a la mansión. En la lista de prioridades de los republicanos se encuentran el desmonte de los programas emblemáticos de la administración Obama y la adopción de medidas de corte proteccionista, que son esperadas con nerviosismo en todos los continentes.

Sin embargo, ninguna expectativa es tan grande como la que existe en México, cuyo modelo de desarrollo está en entredicho por cuenta de la actitud que adoptaría su vecino del norte. El esquema de integración comercial que incluye a Canadá se encuentra en veremos, junto con el futuro de inversiones por decenas de miles de millones de dólares que se ubicaron al sur de la frontera.

Aunque un cambio al acuerdo tripartito requiere una serie de pasos que respeten la letra de los tratados firmados, lo cierto es que proyectos muy importantes se encuentran paralizados. La afectación más notoria se ve en la industria automotriz mexicana, que es la cuarta más grande del mundo si se mide por el volumen de sus exportaciones. Ford, Chrysler Fiat y General Motors han sido víctimas de los dardos lanzados por el magnate neoyorquino y al menos la primera modificó los planes fabriles que tenía.

Si Donald Trump se empeña en su idea, desatará fuerzas que pueden hacer mucho daño social y económico a toda Norteamérica.

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A la fecha, los analistas han recordado las proyecciones de crecimiento de la tierra de los aztecas. De una tasa cercana al 3 por ciento para el 2017 hace unos meses, las apuestas más recientes están en la mitad, y si las cosas se ponen mucho más difíciles la recesión podría llegar pronto. El peso mexicano ya superó la cota simbólica de los 22 por dólar y la inflación amenaza con desbordarse por cuenta del encarecimiento de los bienes importados, incluyendo el maíz, que es la base de la conocida tortilla.

No obstante, las preocupaciones más inmediatas de la gente parecen estar relacionadas con la promesa reiterada hace dos días en el sentido de que habrá un muro a lo largo de la línea limítrofe, de 3.180 kilómetros de longitud. Por más absurda que parezca la idea, Trump insistió en que lo construirá y que México lo acabará pagando de una forma u otra.

A decir verdad, hay una cerca existente y entre las zonas más pobladas se erige una barrera de metal que se hizo en el 2006, la cual cubre algo menos de 1.100 kilómetros. El costo de dicho emprendimiento ascendió a 2.400 millones de dólares, pero una pared de las especificaciones propuestas podría llegar a los 50.000 millones, que es una suma considerable, incluso para la billetera del Tío Sam.

Recuperar ese monto sobre el papel es fácil. Un impuesto del 10 por ciento a las importaciones provenientes de su vecino del sur –cercanas a los 290.000 millones de dólares anuales– le generaría dicha cantidad al tesoro estadounidense en menos de 24 meses.

El problema es que las cosas no son tan sencillas. Lo más probable es que el intercambio se desplomaría y que las áreas fronterizas se deprimirían. Los expertos sostienen que las relaciones comerciales con México generan cinco millones de empleos en Estados Unidos, que estarían en peligro, ante lo cual el muro ocasionaría más problemas que soluciones.

Por tal motivo, hay que cruzar los dedos para que la sensatez triunfe y que los integrantes del nuevo gabinete en Washington convenzan a su jefe de que el camino que propone no es el correcto. Pero si no es así, se desatarán fuerzas que pueden hacer mucho daño a toda Norteamérica.

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ricavi@portafolio.co
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