Ricardo Ávila
Editorial

Ni catástrofe ni triunfalismo

Existen dos narrativas muy diferentes sobre la situación de la economía colombiana: en ambas hay verdades y exageraciones.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
enero 09 de 2017
2017-01-09 06:43 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/09/56ba4e7b94041.png

El fin del puente festivo, asociado al día de los Reyes Magos, significa para la inmensa mayoría de los colombianos el regreso a las actividades cotidianas. Atrás quedaron la temporada de descanso y las promesas con respecto a un año que comienza con novedades en el campo económico, empezando por la reforma tributaria que fue aprobada por el Congreso a finales del 2016.

La conocida cuesta de enero –con una pendiente más inclinada que en otras ocasiones– sin duda influirá en el ánimo de la gente. Debido a ello, más de uno quiere pescar en el río revuelto del descontento, a sabiendas de que la temporada electoral debería iniciar oficialmente en unas cuentas semanas, cuando se produzca el retiro del vicepresidente Germán Vargas y de varios ministros del despacho interesados en lanzar su sombrero al ruedo, con miras a los comicios del 2018.

El factor político influye de manera determinante para que un grupo amplio de líderes y columnistas presente una visión inquietante sobre la realidad de la economía nacional. Según esta postura, hay una profunda crisis que es el preámbulo de una recesión, causada por el desánimo de inversionistas y consumidores.

Los profetas del desastre aseguran que la cascada de impuestos dará origen a un círculo vicioso, pues las mayores cargas no corregirán el problema causado por un poder Ejecutivo manirroto que derrocha el dinero en ‘mermelada’, en beneficio de sus áulicos. Quienes están en la derecha agregan que el cumplimiento de los acuerdos con las Farc amenaza con quebrar al fisco, mientras que la izquierda asegura que el incremento en el salario mínimo se esfumó por cuenta del IVA del 19 por ciento.

La oposición afirma que el país va rumbo al desastre, al tiempo que el Gobierno insiste en que las cosas pintan bastante bien.

COMPARTIR EN TWITTER

Ambos lados justifican movilizaciones y protestas, mientras que no faltan los que señalan que aquí debería suceder algo similar a lo que pasó en México cuando hace unos días la población reaccionó con violencia al alza en el precio de los combustibles. En las redes sociales se insiste en que la bomba social en el país está a punto de estallar, al tiempo que muchos se ofrecen a encender la mecha.

La otra cara de la moneda es la que presenta la administración Santos. Los integrantes del equipo económico afirman que el horizonte se encuentra despejado, una vez la reforma tributaria aseguró la sostenibilidad de las finanzas públicas. Si bien es cierto que la inflación continúa por encima del rango fijado como meta por el Banco de la República, el argumento es que todo apunta a que el ritmo de aumento en los precios volvería a su cauce en los próximos meses.

Como si eso fuera poco, los voceros oficiales dicen que las comparaciones regionales nos dejan bien parados. Aquí no existe la debacle de Venezuela, ni la sin salida de Ecuador, sino que el posconflicto se encargará de atraer capitales con destino a la agricultura, la minería o el turismo. Por cuenta de la paz, la tasa de crecimiento debería subir más temprano que tarde, con lo cual nos volveremos un referente en América Latina.

Así las cosas, es claro que existen dos narrativas muy diferentes sobre la economía colombiana, en las cuales hay verdades y exageraciones. Ante las contradicciones entre una y otra lo que procede es escuchar las voces de los analistas independientes y examinar el veredicto diario de los mercados, cuyas fluctuaciones no tienen que ver con la ideología. Hoy por hoy valen más las estadísticas bien obtenidas o los resultados empresariales que las posiciones gremiales o partidistas en las que afloran intereses personales.

El ejercicio de filtrar el ruido que se escucha en el ambiente permite mirar de manera más objetiva el panorama. Este muestra que el país debería dejar atrás el bache del año pasado, pero que la recuperación será lenta y no estará exenta de riesgos, tanto internos como externos. Por tal razón, no hay espacio para los escenarios catastróficos, pero tampoco para el triunfalismo.

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado