Ricardo Ávila

Un Niño en la casa

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
agosto 11 de 2015
2015-08-11 02:15 a.m.
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A medida que pasan los meses, suben de tono en el país las quejas de los agricultores por cuenta de episodios de sequía, que se han vuelto más evidentes. El reporte más reciente viene del Tolima, en donde un buen número de poblaciones reporta una disminución sustancial de las lluvias, con efectos negativos sobre las cosechas y los pastos.

Pero esa no es la única región que ha lanzado la voz de alarma. Las anomalías se han visto en la costa Atlántica, comenzando por La Guajira. En algunas áreas de ese departamento, las precipitaciones casi desaparecieron, algo inusual incluso en sitios donde la pluviosidad es baja. También, en partes del Magdalena, Cesar, Atlántico, Bolívar y Córdoba, pareciera que San Pedro se tomó unas largas vacaciones.

Para los expertos, la explicación es una sola: estamos bajo los efectos del fenómeno del Niño, un evento que se desarrolla en el Pacífico, caracterizado por un debilitamiento de los vientos alisios y por el aumento de al menos medio grado centígrado en la temperatura de la superficie del océano. De acuerdo con los estándares utilizados, solo hasta que las condiciones citadas se prolonguen durante cinco meses, es posible hablar del trastorno.

Al respecto, la evidencia es clara. Desde finales del año pasado, el termómetro comenzó a subir y ya lleva ocho registros seguidos en rojo, según datos del Servicio Meteorológico estadounidense. El próximo informe se debería conocer el jueves, pero todo sugiere que las cosas siguen más o menos iguales.

No obstante, las desviaciones en las temperaturas registradas son menores que en otras ocasiones. Ese es el motivo por el cual los expertos hablan de que El Niño debería ser moderado –una categoría intermedia entre débil y fuerte–, aunque más de uno anota que tuvo un fortalecimiento reciente, el cual no pasó inadvertido.

Si esa expectativa se confirma, el déficit de lluvias oscilaría entre 40 y 60 por ciento con respecto a la norma. En contra de lo que algunos creen, las precipitaciones siguen, pero su periodo e intensidad se acorta, lo cual impacta directamente las actividades del campo.

También, en varias ciudades se ha notado el cambio. De acuerdo con datos del Ideam, en junio pasado, las temperaturas en Santa Marta, Valledupar y Pasto estuvieron más de tres grados centígrados por encima del promedio histórico, mientras que otras siete ciudades registraron incrementos superiores a dos grados.

Tales desviaciones no pueden ser ignoradas. Si bien el Gobierno ha hecho la labor, en el sentido de insistir en que se debe mantener la guardia en alto, son pocas las autoridades locales que toman las advertencias en serio. En lugar de prevenir, lo usual es la reacción tardía ante los hechos cumplidos.

Semejante actitud no está exenta de costos. El más evidente es el valor de los alimentos, pues el rendimiento de las cosechas no es el mismo sin agua que con ella. De hecho, la aceleración que se ha visto en el ritmo inflacionario tuvo su génesis hace casi un año, por cuenta de las alzas de la comida. En caso de que el Niño se prolongue, el alivio que espera ver el Banco de la República en el Índice de Precios al Consumidor también podría alargarse.

Y tampoco está de menos prepararse para el rebote. La pavorosa y prolongada emergencia invernal de finales del 2010 –que dejó pérdidas millonarias y de vidas humanas– tuvo lugar después de una fuerte sequía, que en su momento ocasionó múltiples dolores de cabeza.

Si bien es imposible afirmar que lo mismo puede ocurrir ahora, vale la pena tener en cuenta los llamados a la prudencia que hacen los que saben del asunto. El motivo es que el calentamiento global hace más vulnerables a países tropicales como el nuestro, porque los fenómenos son más extremos. Ante esa perspectiva, no queda más remedio que aprender a convivir con este Niño. Y con los que vengan.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

@ravilapinto

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