Ricardo Ávila

Nubarrones otra vez

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
octubre 17 de 2014
2014-10-17 04:13 a.m.
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El hecho de que el valor del dólar frente al peso colombiano esté otra vez en niveles que no se veían desde hace cinco años no es una mera coincidencia. Tal como en el 2009, el mundo sufre un ataque de nerviosismo que tiene su expresión en la volatilidad de los mercados, pero que responde a una mezcla de factores estructurales y coyunturales que no pueden ser ignorados en ningún lado, incluyendo a Colombia.

Es temprano todavía para declarar la emergencia, dicen aquellos que piden calma. No obstante, nadie puede negar que las luces de alarma se han hecho más intensas y requieren un monitoreo permanente.

La causa principal de que así sea es que la economía mundial todavía no levanta cabeza. El recorte de las proyecciones de crecimiento que hizo el Fondo Monetario Internacional a comienzos de octubre, les sentó mal a los analistas.

Por una parte, la realidad de Europa nada que mejora. No solo el Viejo Continente se encuentra aún por debajo del punto que alcanzó en el 2007, sino que hay nuevas señales de una recesión. Incluso la locomotora alemana parece haberse detenido, mientras que las naciones que integran el bloque comunitario no se ponen de acuerdo sobre la manera de salir adelante.

No menos inquietante es lo que pasa en las naciones emergentes. China experimenta una fuerte ralentización y cada vez hay más evidencias de que la burbuja inmobiliaria ha empezado a desinflarse, lo cual se puede convertir en un lío de marca mayúscula.

A raíz de lo que sucede en la nación más populosa del planeta, se ha resentido la demanda de productos básicos.

El menor apetito por materias primas incide en las más diversas cotizaciones, como las de los alimentos, que han disminuido en cerca de 15 por ciento. También los metales han caído y el petróleo llegó a ubicarse ayer temporalmente por debajo de los 80 dólares el barril.

En consecuencia, los países que habían experimentado una bonanza exportadora, como los de América del Sur, se enfrentan a una realidad difícil. La época de los superávits comerciales y fiscales quedó atrás, lo cual implica nuevos desafíos y es motivo de interrogantes.

Mientras todo eso sucede, Estados Unidos es de los pocos que saca la cara. La confianza del consumidor norteamericano está de vuelta y ha hecho posible que el desempleo se ubique por debajo del 6 por ciento.
Irónicamente, ese contraste es fuente de otros desequilibrios, pues ahora el dólar se fortalece ante los temores de los inversionistas a dejar su dinero en donde ha subido el riesgo y debido al cambio de política del Banco de la Reserva Federal.

Ambos elementos se han combinado para que las tasas de cambio tengan variaciones importantes, a lo cual se suman las particularidades de cada mercado. Colombia tuvo un respiro temporal que desapareció cuando dejaron de ingresar al país sumas importantes con destino a compra de papeles financieros, y ahora siente ráfagas frías.

Como si todo lo anterior no fuera suficiente, los peligros en materia de seguridad han subido. La ofensiva del Ejército Islámico en Irak o la situación de Ucrania son fuente de ceños fruncidos. A esto se suma el pánico que produce el ébola, que ya golpea el tráfico aéreo y las perspectivas del turismo global.

Que la situación ha causado estragos a escala local es algo que es incuestionable. Las acciones que se negocian en la bolsa colombiana han perdido más de 10 por ciento de su valor, en promedio, en unas pocas semanas.

Ese es un motivo adicional para mantener el estado de alerta. Tal como pasó cuando sobrevino la crisis financiera internacional hace seis años, el peor error es creer que somos indemnes a lo que pasa afuera. Y eso obliga a prepararse para una eventual tormenta.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto

 

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