Ricardo Ávila

La nueva mediocridad

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
abril 15 de 2015
2015-04-15 04:37 a.m.
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A primera vista las cosas siguen igual, pues el pronóstico es el mismo: 3,5 por ciento. Sin embargo, aunque el Fondo Monetario Internacional no cambió este martes ni una décima la proyección que había hecho en enero con respecto al crecimiento de la economía mundial en el 2015, la fuerza de las corrientes es distinta.

En pocas palabras, el organismo natural considera que a Estados Unidos le va a ir un poco menos bien de lo que pensaba al comenzar el año, mientras que Europa y Japón avanzarán más rápido. En lo que corresponde a las naciones emergentes, la sorpresa positiva es India, en tanto que China se percibe igual y unos más irán de mal en peor. Entre este último grupo se ubican Rusia, Brasil y Suráfrica, cuya importancia geopolítica nadie desconoce.

El principal factor a la hora de revisar los cálculos es la caída en los precios del petróleo, que resultó ser más profunda y rápida de lo que se pensaba. En cuestión de meses, el descenso en las cotizaciones empieza a significar una enorme transferencia de recursos por parte de los países productores a los consumidores, cuyas industrias han bajado sus costos y cuyos ciudadanos tienen más dinero para gastar.

También ha sido significativo el nuevo escenario de las tasas de cambio, con un dólar fuerte y la mayoría de las demás monedas debilitándose, incluyendo al euro y al yen. Esa circunstancia debería alterar los flujos comerciales e influir sobre los movimientos de capitales.

Como es evidente, hay elementos que aumentan la incertidumbre. A los ya mencionados es necesario agregar la posibilidad de que Grecia no pueda cumplir con sus compromisos financieros y se vea obligada a salir de la zona euro. Tampoco es despreciable una crisis regional, sea en Ucrania, el Medio Oriente o Nigeria, para solo mencionar algunas áreas complejas.

No obstante, sin entrar en el terreno de las especulaciones, cobra fuerza lo dicho hace unos días por la directora gerente del FMI, la francesa Christine Lagarde, quien al describir el estado de la economía global habló de una “nueva mediocridad”. La expresión quiere decir que las cosas no van muy mal, pero tampoco muy bien, pues una velocidad de crucero cercana al 3 por ciento anual no deja contento a nadie.

Incluso en un escenario más largo, hay elementos que atentan en contra de ir más rápido. Uno de ellos es el envejecimiento de la población mundial, que empieza a afectar a China, aparte de a un buen número de naciones desarrolladas.

En medio de tan inquietante perspectiva, es imposible pasar por alto el preocupante caso de América Latina, cuyo crecimiento disminuirá otra vez en el 2015, por cuarto año consecutivo. Y no se trata de cualquier frenazo, sino de una tasa cercana al estancamiento: 0,9 por ciento.

Es verdad que Brasil –cuyo Producto Interno Bruto representa más de la tercera parte del de la región– tiene mucho que ver en la cifra mencionada. Pero entre los países de mayor tamaño relativo no le va bien a ninguno. Los casos más críticos son los de Venezuela y Argentina, con pronósticos en rojo. Y las estrellas del pasado, como Chile o Perú, andan a medias, y México no levanta cabeza.

A su vez, la buena estrella de Colombia, que hasta hace poco era objeto de apuestas favorables, va en pleno descenso. El Fondo recortó su pronóstico para este año al 3,4 por ciento, mientras que para el próximo habló de un tímido 3,7 por ciento, cifras muy inferiores a los estimativos oficiales.

Como alivio, nos queda el hecho de que los demás van igual o peor. Lamentablemente, aquí sí que se aplica eso de que ‘mal de muchos, consuelo de tontos’. Y a menos que las estrategias en marcha logren evitar un aumento en el desempleo y una pérdida de confianza, nos exponemos a formar parte de aquellos que componen el creciente grupo de los nuevos mediocres en el planeta.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto

 

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