Ricardo Ávila
Editorial

Ojalá que se equivoquen

El ambiente en Davos es frío; los expertos se muestran pesimistas y la única esperanza es que se equivoquen en sus previsiones. 

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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POR:
Ricardo Ávila
enero 16 de 2017
2017-01-16 08:30 p.m.
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Aquello de que reunir a algunas de las mentes más brillantes de la humanidad no necesariamente aporta una luz sobre lo que viene es algo que deberían recordar con humildad esta semana los delegados a la reunión anual del Foro Económico Mundial que tiene lugar en Davos (Suiza).

Y es que hace un año, nadie tenía en sus cuentas que cinco meses después los votantes de Gran Bretaña se inclinarían porque su país abandonara la Unión Europea. Donald Trump ya se perfilaba como el candidato del Partido Republicano, pero ninguno de los asistentes le daba chance alguno de triunfo.

Los ejemplos mencionados comprueban que los analistas están obligados a reconocer que no se las saben todas sobre el futuro, pues –como diría el conocido poema santafereño– en más de una ocasión sale lo que no se espera. Ahora que llega un nuevo inquilino a la Casa Blanca y que los mercados evalúan con nerviosismo los posibles escenarios salidos de Washington, vale la pena reiterar que la incertidumbre tiende a ser la norma y no la excepción.

"Lo lógico sería promover la cooperación internacional y acelerar la integración con el fin de manejar los desafíos del planeta"

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Aun así, es necesario insistir en que una mirada hacia atrás muestra que las condiciones estaban dadas para un cambio fundamental. En los países más ricos, la crisis financiera del 2008 resultó ser el caldo de cultivo para los desequilibrios actuales y para la rabia de la clase media que considera que pagó los platos rotos de los excesos de otros. Las estadísticas señalan que la desigualdad en la distribución del ingreso creció de manera sustancial, entre otras por cuenta de las estrategias que salvaron del cataclismo al sector financiero.

Por cuenta de esa circunstancia, la rabia del electorado en el mundo desarrollado viene al alza, algo que influye de manera determinante sobre la política y sus protagonistas. El populismo de derecha que asoma sus orejas en diferentes latitudes viene asociado a los miedos de los votantes: a los inmigrantes, a la globalización, a la revolución tecnológica o la presencia de una sociedad más heterogénea.

Entender esos temores y saber responder con efectividad a las demandas de la población es el principal desafío que enfrenta hoy día la democracia liberal, la misma que ha sido norma y modelo en occidente durante más de siglo y medio. Una respuesta equivocada podría ocasionar un círculo vicioso de desconfianza y medidas de corte unilateral que le den paso a una nueva época de aislacionismo en el que prime el “sálvese quien pueda”.

La pregunta que mucho se hacen justo cuando arrancan las discusiones en pleno corazón de los Alpes es si ponerle tatequieto a las corrientes del comercio o el movimiento de personas no solo es procedente sino posible. Más allá de lo que digan los gobiernos, existen fuerzas que parecen incontenibles y que develan que los poderosos cuentan con menos herramientas en sus manos a la hora de evitar lo inevitable.

Así pasa con el calentamiento global, cuya marcha se considera inexorable por parte de los científicos. Hay gente que no quiere aceptar la realidad, pero los primeros ocho meses del 2016 fueron los más calientes de los últimos 137 años, lapso del cual existen estadísticas confiables. A pesar de que las energías alternativas empiezan a ser desarrolladas con fuerza, la emisión de gases de efecto invernadero es un desafío inmenso, sobre todo para una humanidad que se enfrenta a la posibilidad de mayores desastres naturales.

Todo lo anterior lleva a que lo lógico sea promover la cooperación internacional y acelerar la integración con el fin de manejar desafíos que en último término son comunes para los habitantes del planeta. Lamentablemente, el ambiente es hostil y las democracias que deberían ser referente dan la impresión de retroceder. Debido a ello, el ambiente en Davos es frío, tanto como la gélida temperatura propia del invierno suizo.
Los expertos se muestran pesimistas y la única esperanza es que se equivoquen en sus previsiones, tanto como el año pasado. Ojalá esta vez sea para bien.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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