Ricardo Ávila

Ojo con el dominó

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
julio 29 de 2015
2015-07-29 05:11 a.m.
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A primera vista, se trata solo de una posibilidad que, además, no nos concierne. Así podría mirarse el comunicado que expidió ayer la firma calificadora de riesgo Standard & Poor’s, según el cual la perspectiva de la nota que reciben los títulos de deuda de Brasil pasó de estable a negativa. El preaviso –de confirmarse en unos meses– llevaría a que los bonos emitidos por la economía más grande de América Latina dejen de tener grado de inversión, lo que elevaría el costo de endeudarse y afectaría el ánimo de los inversionistas.

Ese anuncio es un nuevo dolor de cabeza para el gobierno de la presidenta Dilma Rousseff. En medio de una fuerte recesión, que ha ocasionado que el desempleo suba, y con la inflación al alza, las cosas no se ven fáciles para la nación más populosa del área. A lo anterior hay que agregarle una enorme crisis política en la que los escándalos ocasionados por la corrupción en Petrobras tienen su parte.

Hasta ahí, el lío es lo suficientemente grande como para mostrar indiferencia. Pero la cosa se complica todavía más cuando se tiene en cuenta que este es el episodio más reciente que afecta la imagen de las economías emergentes, cuya suerte en estos últimos meses no ha sido la mejor. Tanto la caída en los precios de las materias primas como la desaceleración de China están entrando en la categoría de terremotos, que tienen relación y cuyas réplicas apenas están comenzando.

Así quedó en claro en la última semana, cuando las tasas de cambio en diversas latitudes reflejaron las inquietudes de los inversionistas con respecto a países que antes generaban entusiasmo. De este lado del Atlántico, el peso colombiano ha perdido terreno frente al dólar, pero no ha sido el único, como lo demuestran el real brasileño, el sol peruano o el peso chileno. Del otro lado del Pacífico, el golpe lo han sentido la rupia indonesia, el ringgit malayo o el baht tailandés.

En cada caso, las desvalorizaciones son diferentes y tienen que ver con las realidades particulares de las distintas economías. No obstante, han comenzado a sonar las voces de alerta, mientras los más extremos hablan de un dolor de cabeza mayúsculo. En un planeta globalizado, en el cual los vasos comunicantes existen, las reacciones en un continente pueden repetirse en otro, en cuestión de segundos.

Para decirlo con claridad, el riesgo principal es el de un contagio. Si se generaliza la percepción de que dejar los capitales en lugares con dificultades es un error, habría salidas masivas de dinero hacia refugios seguros.

No es la primera vez que un efecto dominó amenaza la estabilidad financiera de decenas de países. A finales del siglo pasado y comienzos de este, expresiones como ‘efecto tango’ y ‘efecto tequila’ se usaron para describir crisis mundiales que comenzaron en México y Argentina, respectivamente.

En respuesta, hay académicos que señalan que las cosas son muy diferentes hoy en día. Para comenzar, los niveles de endeudamientos son más bajos, mientras que ha tenido lugar una buena acumulación de reservas internacionales. Puesto de otra manera, la capacidad de resistir temporales es mucho mayor ahora.

Aun así, las alarmas empiezan a encenderse. Un alza en las tasas de interés en Estados Unidos, combinada con el nerviosismo, alteraría las corrientes de crédito e inversión actuales de forma significativa. No menos considerables son las eventuales dificultades que pueden surgir en aquellas naciones en donde la gente se ha endeudado mucho y empieza a tener inconvenientes para pagar sus créditos.

Todos esos peligros deberían ser reconocidos por Colombia. Más allá de que tengamos fortalezas importantes, no saldremos indemnes de un movimiento telúrico en los mercados financieros globales y menos con un déficit externo tan alto como el que tenemos. Por eso hay que extremar las alertas, para que aquí no caigan las fichas del dominó.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto
 

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