Ricardo Ávila
Editorial

Opiniones constructivas

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
mayo 16 de 2016
2016-05-16 09:17 p.m.
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Hay maneras distintas de ver la cada vez más cercana firma del acuerdo definitivo entre el Gobierno y las Farc, que significaría el fin de un conflicto que lleva más de medio siglo.
De un lado, están los optimistas a ultranza, quienes creen que las rúbricas en un documento se traducen inmediatamente en el cese de la violencia y el comienzo de un círculo virtuoso que le cambiará la cara al país en cuestión de semanas. Del otro, están los profetas del desastre, que ven seguro el asentamiento de una dictadura ‘castrochavista’ en el territorio nacional, con todo lo que ello implica.

En el medio de esos extremos se encuentran las posturas sensatas que parten del convencimiento de que la paz es posible, pero que requiere esfuerzos de largo aliento y compromiso de la sociedad en pleno. En esta categoría se ubica el trabajo que viene desempeñando un grupo de empresarios agrupado en la Andi y Proantioquia. De manera juiciosa, ambas entidades vienen haciéndole seguimiento al tema, sin otro propósito que actuar de forma constructiva para reconocer avances o señalar puntos que merecen atención.

"Mientras sigue la polarización en torno a la firma de un acuerdo con las Farc, hay aportes del sector privado que valen la pena".

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En ese contexto, son valiosos los análisis y las recomendaciones que hacen los representantes del sector privado, que deberían ser tomados en cuenta por el Ejecutivo.
En particular, se mencionan 15 pendientes que fueron compartidos con el equipo gubernamental que está en La Habana. Es de la opinión de los redactores del documento, que las cosas que quedan por hacer “implican órdenes de magnitud que pueden hacer inviables los acuerdos”.

Entre los elementos a destacar, está el requisito de contar con un buen sistema de información catastral. Cualquier estudioso de los orígenes de las confrontaciones que han enlutado a Colombia sabe que el asunto de la propiedad de la tierra es crucial.
Establecer qué predios existen en el país y a quién pertenecen es clave para desatar el nudo gordiano.

Sin ese requisito básico será imposible constituir un fondo de tierras que sirva para redistribuir la propiedad rural, cuyos niveles de concentración son muy elevados. Tampoco se podría avanzar en titulación, que es todavía una barrera inmensa, pues le impide a cientos de miles de propietarios de hecho formalizar sus parcelas.

Al respecto, existen herramientas tecnológicas y experiencias en otras latitudes que permitirían avanzar en la materia. El desafío es contar con la voluntad política y la capacidad gerencial para hacer las cosas bien y a tiempo.

"Los empresarios quieren contribuir con su grano de arena y merecen que sus observaciones sean tomadas en serio".

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No menos importante es el capítulo de la corrupción, que merece ser abordado de manera realista. Pocos males deslegitimarían lo que se quiere construir en la etapa que viene, como la impresión de que los vicios de siempre continúan presentes a la hora de hacer política y manejar los presupuestos.

En la agenda de tareas se encuentra el plan de sustitución de cultivos ilícitos, que tiene relación directa con el propósito de cerrarle espacios al narcotráfico. Un descalabro no solo permitiría que las bandas criminales ocupen espacios adicionales, sino que se afecten los objetivos de abrir oportunidades en el campo y mejorar la seguridad ciudadana.

De especial trascendencia es el llamado a diseñar la institucionalidad que se requiere para poner en marcha la ejecución de lo pactado e identificar fuentes de financiación relacionadas, especialmente, con la transformación del campo. No hay duda de que un aumento sustancial del área cultivada y de la producción agrícola sería uno de los mayores logros del llamado posconflicto.

Hay temas adicionales. Pero más que entrar en la descripción de cada uno, el mensaje de fondo es que los empresarios quieren aportar su grano de arena y merecen que sus observaciones sean tomadas en serio. Esta vía, y no la de la polarización, es el camino indicado, pues parte de señalar que acabar el conflicto “es una condición necesaria para construir un mejor país; pero insuficiente para construir una paz sostenible”.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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