Ricardo Ávila
Editorial

El pacto que más importa

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
febrero 17 de 2016
2016-02-15 09:48 p.m.
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Un interesante ejercicio es el que viene de hacer el Banco Interamericano de Desarrollo, el cual está condensado en un estudio que será presentado mañana en Bogotá. El punto central del trabajo es cómo lograr que el país entre a formar parte de los calificados como de altos ingresos, cuando hoy nos encontramos en la parte media de las clasificaciones. Ello implica pasar de un ingreso actual cercano a los 12.000 dólares anuales por habitante, a uno de 30.000 para el 2030.

La meta es ambiciosa, pero no imposible, al menos en el papel. Llegar a ese nivel implicaría crecer al 6 por ciento por año, un objetivo que supera con creces el observado en lo que va del siglo. El gran reto es alcanzar esa velocidad, a sabiendas de ahora estamos en el carril de tránsito lento y las perspectivas inmediatas no son las mejores.

Que vale la pena intentarlo es algo difícil de discutir. Sin desconocer los avances de la pasada década, que llevaron a una reducción significativa de las tasas de pobreza y la expansión de la clase media, el camino por recorrer es muy grande. Nuestro producto per cápita, que en 1990 representaba el 29 por ciento del de las naciones que integran la Ocde, ahora es apenas el 24 por ciento. Y si nos medimos frente a Estados Unidos, nos ubicamos 80 por ciento por debajo de los norteamericanos.

Nuestro principal problema a la hora de avanzar más rápido es una productividad que está casi estancada. El salto que hemos dado en medio siglo tiene que ver especialmente con la acumulación de capital físico y humano –gracias, en parte, a bonanzas de recursos naturales–, mientras nuestra capacidad de hacer más con lo mismo es muy limitada.

Debido a ello, el BID propone fomentar la innovación y el desarrollo empresarial y agrícola; impulsar la educación de calidad y la formación laboral, orientadas a la generación de competencias y habilidades avanzadas, y mejorar la calidad de la infraestructura y del desarrollo urbano. De manera complementaria se insiste en una mayor efectividad de la gestión pública, algo que pasa por una profunda reforma institucional.

Las debilidades que tenemos en las áreas mencionadas son inmensas. Por ejemplo, en materia de investigación aplicada estamos a una considerable distancia de nuestros pares en la región, pues, entre otras, contamos con pocos científicos. En cuanto a lo que aprenden nuestros estudiantes, ocupamos los últimos lugares en las pruebas internacionales, mientras que en lo que hace a vías, seguimos muy mal, sin desconocer el valioso esfuerzo que se encuentra en marcha.

Cerrar las brechas que existen exige un sacrificio considerable en términos de recursos. Hacer distritos de riego, mejorar la red terciaria o poner en marcha la jornada completa para todos los estudiantes es algo que cuesta dinero, y mucho, anotando que la lista de cosas por hacer es aún más larga.

En consecuencia, el Banco Interamericano señala que no hay otra fórmula distinta a la de incrementar los impuestos. En el ámbito del Gobierno Central los recaudos deberían aumentar del equivalente del 15 al 20 por ciento del PIB, mientras que para las regiones el salto sería del 3 al 6 por ciento. Solo así se podría duplicar el ritmo de la inversión pública para que esta llegue al 7 por ciento del PIB.

Aunque semejante meta es loable, no hay duda de que subir la carga tributaria en las proporciones anotadas es un verdadero imposible político. Basta ver el rechazo que en algunos ramos ha despertado la idea de una reforma tributaria este año, siendo sus metas más modestas.

En tal sentido, la propuesta más llamativa del estudio de la entidad multilateral es la de construir pactos con amplios sectores de la sociedad, comenzando por los partidos, antes de empezar la senda de un proyecto de ley. Bajo ese punto de vista, si se logran consensos en torno a objetivos de largo plazo que trascienden el periodo de una administración presidencial, habrá el respaldo para proceder.

A la luz de la polarización actual, sentar a todos a la mesa y llegar a entendimientos no es nada fácil. Pero no hay más remedio, si queremos dar un salto factible. Porque así como la unión hace la fuerza, la división es nuestra principal debilidad.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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