Ricardo Ávila
Editorial

Un país tropical

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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POR:
Ricardo Ávila
abril 18 de 2016
2016-04-18 10:13 p.m.
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Una nueva acepción de lo que la expresión ‘carnaval’ significa en Brasil quedó clara tras la sesión de la noche del domingo, cuando una amplia mayoría de los diputados en la Cámara Baja votó en favor de levantar la inmunidad de la presidenta Dilma Rousseff. En sus intervenciones, los congresistas dieron imagen de todo menos de seriedad y profesionalismo, al anunciar su decisión en honor de sus familiares (madres, hijos, abuelas, tías), del café, o de los vendedores de seguros, entre muchas expresiones pintorescas.

Brillaron por su ausencia las intervenciones sobre la acusación en contra de la inquilina del Palacio de Planalto, que trata de la violación de normas fiscales con el fin de disimular el tamaño del déficit presupuestal. En contra de lo que pudiera creerse, aquí no se discute la corrupción en Petrobras, o los nexos irregulares que existían entre el gobierno y algunas empresas, sobre todo vinculadas al ramo de la construcción. Tal vez la razón es porque casi dos terceras partes de los parlamentarios enfrentan investigaciones por haberse lucrado ilegalmente, comenzando por el presidente de la corporación.

Si bien todavía falta la determinación del Senado, a medida que pasan los días, se ve más difícil que la mandataria logre mantenerse en el cargo, del cual sería suspendida inicialmente y, eventualmente, removida. Tal como están las cosas, suena muy factible que el vicepresidente Michel Temer ocupe el puesto hasta terminar el periodo constitucional a finales del 2018.

Aunque miles de ciudadanos celebran anticipadamente el fin de la era del Partido de los Trabajadores, que comenzó con el triunfo en la urnas de Lula da Silva, la pregunta que se hacen los observadores es si lo que viene es una primavera brasileña o, en cambio, una temporada de sucesivas tempestades. La duda es válida a la luz de la hipocresía que ha rodeado los debates, en los que personajes de cuatro en conducta aparecen como adalides de la moral.

Lo anterior no quiere decir que Dilma Rousseff sea una víctima más. No hay duda de que su colectividad montó una organización para financiarse con dinero público, y que parte de esos fondos obtenidos de manera irregular llegaron a los bolsillos de los cuadros más altos. Además, su gestión ha estado plagada de errores, que se expresan en una pavorosa crisis económica que no termina. Basta recordar que en el 2015, la economía brasileña se contrajo 3,8 por ciento, de acuerdo con cálculos del Fondo Monetario Internacional.

Aun así, y a pesar de su falta de carisma, la presidenta cuenta con un respaldo importante. Uno de los peligros que cobra vigencia es que la polarización entre partidarios y enemigos de su salida del poder se traduzca en violencia, haciendo más ingobernable a la nación más grande de América Latina.

Por tal motivo, Temer está llamado a cerrar las heridas abiertas, si quiere que la presión baje. Lamentablemente, procede de la misma clase política corrupta que está en el epicentro del escándalo, por lo cual es dudoso que tenga la independencia para limpiar costumbres y adoptar reformas que tendrían que pasar por el Congreso.

Como si lo anterior fuera poco, los líos económicos son inmensos. A la falta de crecimiento se suman una inflación cercana al 10 por ciento anual y un déficit fiscal que equivale a casi el 11 por ciento de Producto Interno Bruto. Corregir esos desbalances obliga a la toma de medidas de ajuste profundas, algo muy difícil para alguien cuya legitimidad será siempre cuestionada por una parte importante del electorado, y que temerá antagonizar a quienes le respaldan.

Debido a ello, y más allá del júbilo expresado por los manifestantes en decenas de municipalidades, el clima festivo se puede disipar muy rápido. Resolver el acertijo de encontrar el camino indicado y cortar por lo sano para limpiar las costumbres políticas, es algo poco probable, sin importar quién gobierne desde Brasilia.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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