Ricardo Ávila

Mucho más que palabras

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
septiembre 16 de 2011
2011-09-16 01:26 a.m.
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Es corriente que en el lenguaje de la diplomacia aun los encuentros más corrientes tiendan a magnificarse en importancia.

Por tal motivo, más de un observador mirará con escepticismo los resultados de la gira que Juan Manuel Santos hizo por Japón y Corea del Sur, la cual ha recibido un cubrimiento positivo por parte de los medios de comunicación.

No obstante, las señales en este caso parecen estar respaldadas por más sustancia de la que es usual.

Para decirlo en una frase, si Colombia hace la tarea y entiende que el dado durante esta semana es apenas el primer paso de una larga marcha, el esfuerzo habrá valido la pena.

Tal como le ha sucedido ya a un buen número de naciones latinoamericanas que se dieron cuenta primero de la importancia estratégica de hacer presencia al otro lado del Pacífico, ahora el país tiene la oportunidad de desarrollar vínculos comerciales y de inversión mucho más fuertes con la que es la región de mayor empuje en el mundo.

La razón de que eso pueda ser así recae en la posibilidad real de que en un tiempo relativamente corto se logren concretar pactos con dos de las economías más importantes del área.

En el caso japonés, la decisión de iniciar estudios con miras a la firma de un acuerdo de cooperación o complementación económica es clave, pues obtener esa luz verde no es fácil. De un lado, Tokio es muy selectivo en sus decisiones, y del otro, los países del Mercosur estaban en fila para comenzar su respectivo proceso.

Falta, por supuesto, un largo trecho cuyo tránsito puede durar dos o tres años, pero el mensaje que el país va a tener el mismo estatus de México, Perú y Chile es fuerte, sobre todo cuando se tiene en cuenta que la presencia nipona en el territorio nacional estuvo en entredicho en alguna época. Además, no se puede olvidar que así el aparato productivo japonés haya dado muestras recientes de estancamiento, se trata de la tercera economía del planeta, por lo cual el espacio para crecer es amplio.

Al tiempo que eso sucede, lo ocurrido en Seúl es trascendental. Parece increíble que Colombia haya desdeñado durante décadas la importancia que le dan los surcoreanos al hecho de que es la única nación de América Latina que envió a sus soldados a combatir en la guerra que dividió la península alrededor del paralelo 38. Por cuenta de esa cuota de sangre que les costó la vida a 214 compatriotas hace 60 años, el aprecio es genuino y la voluntad de cooperación es real.

Quien lo dude no tiene más que leer lo dicho por el presidente surcoreano Lee Myung-Bak, quien le dijo a Santos que a partir de ahora el país entra a la categoría de aliado estratégico, un estatus del que disfrutan muy pocas naciones.

Como resultado de esa clasificación, es de esperar que la marcha de las discusiones del tratado de libre comercio que está siendo negociado avance con mayor rapidez.

En particular, Seúl tiene que entender que el texto final tiene que reconocer las disparidades que existen entre uno y otro país en lo que hace a poderío industrial, capacidad productiva y facilidades logísticas.

Por tal motivo, aunque la parte del intercambio es muy importante, también lo es la de la inversión. Eso quiere decir que diversas fábricas surcoreanas tienen que instalarse en territorio colombiano.

La necesidad de que eso sea así está expresada en las cifras. Entre enero y julio las importaciones de Japón y Corea crecieron 35 y 37 por ciento, respectivamente, mientras las ventas de bienes colombianos lo hicieron en 33 y 4 por ciento.

Eso, sumado a una balanza comercial ampliamente deficitaria para el país, muestra que hay que empezar a equilibrar las cargas y que el resultado de la gira de Santos puede ser, precisamente, ese.

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